por SS Francisco | 3 Ene, 2017 | Confirmación Historias de la Biblia
Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan a levantarnos, a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia, no puede. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».
Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. Este es su servicio. No hay otro camino. La misión es su vocación: hacer resplandecer la luz de Cristo es su servicio. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre.
Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno. Este es el servicio de la Iglesia, con la luz que ella refleja: hacer emerger el deseo de Dios que cada uno lleva en sí. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras, es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas –tenían el corazón inquieto– y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz –y la voz del Espíritu Santo, que obra en todas las personas–; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da –pequeñita…; el himno del breviario poéticamente nos dice que los Magos«lumen requirunt lumine»: aquella pequeña luz–, la luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.
Santo Padre Francisco, Homilía en la Santa Misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor, Basílica Vaticana , miércoles 6 de enero de 2016
por Gloria TV | 22 Nov, 2013 | Confirmación Historias de la Biblia
Mientras las legiones de Roma conquistan Palestina, en el establo de un pequeño pueblo llamado Belén nace un niño que es adorado por pastores y por tres magos de Oriente que acuden a él guiados por una estrella. Ante el rumor de que ha nacido el Mesías, el rey Herodes ordena asesinar a todos los recién nacidos.
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Rey de Reyes (King of Kings) es una película estadounidense dirigida por Nicholas Ray que se estrenó en el año 1961; con guión escrito por Philip Yordan, el filme está basado en la vida pública de Jesús de Nazaret.
Con el actor Jeffrey Hunter en el papel principal, la película cuenta con un amplio e internacional reparto de estrellas: Robert Ryan, Siobhan McKenna, Frank Thring, Hurd Hatfield, Rip Torn, Harry Guardino, Viveca Lindfors y Rita Gam, así como el actor mexicano Rubén Rojo en el papel del apóstol Mateo y la actriz española Carmen Sevilla en el papel de María Magdalena.
La película fue producida por Samuel Bronston y la Metro-Goldwyn-Mayer y fue rodada completamente en España; contó con la colaboración de equipo técnico y artístico español, como el decorador Enrique Alarcón, el actor Félix de Pomés o el debut en cine de Frank Braña y Aldo Sambrell.
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Rey de Reyes – Película
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Rey de Reyes – Ficha de la película
Título original: King of Kings
Año: 1961
Duración: 168 min
Director: Nicholas Ray
Guión: Philip Yordan
Música: Miklós Rózsa
Fotografía: Franz Planer
Reparto: Conrado San Martín, Hurd Hatfield, Jeffrey Hunter, Ron Randell, Siobhan McKenna, Rita Gam, Viveca Lindfors, Rip Torn, Orson Welles
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por CeF | 27 Dic, 2012 | Primera comunión Dinámicas
Con motivo de la proximidad del día de los Reyes Magos, os presentamos las siguientes láminas para colorear.
Podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre cada imagen o sobre el título de la imagen.
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Láminas de los Reyes Magos para colorear
por CeF | 27 Dic, 2012 | Despertar religioso Juegos
Con motivo de la proximidad del día de los Reyes Magos, os presentamos las siguientes láminas para colorear.
Podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre cada imagen o sobre el título de la imagen.
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Láminas de los Reyes Magos para colorear
por Editorial Casals | 28 Nov, 2012 | Despertar religioso Historias de la Biblia
Absalón y la encina
David tuvo dos hijos, Absalón y Salomón. Absalón no era bueno, y se peleó con su padre porque quería ser el rey. Perdió y, cuando salía huyendo de la ciudad a caballo, se le enredó el pelo en un árbol, pues lo tenía muy largo, y le cogieron prisionero.
«Que no me pelee con nadie»
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El rey Salomón
Cuando David murió, Salomón fue el nuevo rey. Dios, como estaba muy contento con él porque era bueno, le dijo: «Pídeme lo que quieras». Salomón contestó: «Quiero saber mandar bien a tu pueblo». A Dios le gustó que Salomón no fuera egoísta y no pidiera cosas para él. Entonces, además de hacerle sabio, le dio riquezas y le hizo muy poderoso.
«Ayúdame a no ser egoísta»
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El Arca de la Alianza
Salomón hizo el reino muy grande. Construyó el templo de Jerusalén y puso allí el Arca de la Alianza y rezaba ante ella. Y Dios estaba contento porque era obediente. Además, como era muy sabio, hacía justicia muy bien.
«Quiero rezar muy bien y tenerte siempre contento»
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El juicio de Salomón
Había dos mujeres que vivían juntas y tenían cada una un niño recién nacido. Uno se murió, y su madre le quitó el niño a la otra. Empezaron a discutir, porque las dos decían que el niño era suyo. Las llevaron delante de Salomón, que dijo: «Traed la espada, partid al niño por la mitad y dadle un trozo a cada mujer». Una de ellas dijo enseguida: «¡No! ¡Que no maten a mi hijo! Que se lo den a la otra». Entonces Salomón supo que ésta era la verdadera madre e hizo que le entregaran al niño. Cuando la gente se enteró de lo sucedido, daban gracias a Dios por haberles dado un rey tan sabio.
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 55 a 58
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por Editorial Casals | 3 Nov, 2012 | Despertar religioso Historias de la Biblia
Saúl, primer rey de Israel
Samuel nombró a Saúl primer rey de Israel. Era muy fuerte y venció a muchos pueblos. Pero Dios no estaba contento con Saúl, porque empezó a quedarse con las cosas de los pueblos a los que ganaba, sin ofrecérselas a Él ni repartirlas con los demás. Dios le dijo a Samuel: «Te voy a enseñar a otro hombre bueno, que será mejor rey que Saúl».
«Ayúdame a ser generoso con los demás».
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David cuidando el rebaño
Dios llevó a Samuel hasta donde estaba David, un joven pastor que cuidaba su rebaño, y le dijo: «Éste será el rey de mi pueblo». Entonces Samuel derramó aceite sobre la cabeza de David para indicar que él sería el rey.
«Que seas el Rey de mi corazón».
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David vence a Goliat
En el ejército de los filisteos, había un gigante llamado Goliat, con el que nadie se atrevía a luchar. El joven David rezó a Dios y luchó contra el gigante lanzándole una piedra con su honda. La piedra derribó a Goliat al golpearle con gran fuerza en la frente. Goliat murió y los filisteos fueron de nuevo derrotados.
«Ayúdame, porque soy pequeño como David».
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David luchando
David era un buen guerrero y ganaba muchas batallas. Todo el mundo decía que era más fuerte y valiente que Saúl. Éste se enfadó y empezó a tenerle envidia.
«Quítame la envidia, Señor, que me hace malo».
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David con el arpa
Saúl murió en una batalla y David fue el rey de Israel, como Dios había dicho. Era muy bueno, sabía tocar el arpa y escribir versos y canciones, llamados Salmos, que cantaba a Dios. Dios estaba muy contento con él y era su amigo. Un día le dijo: «De tu familia nacerá el Mesías (Jesús)». David convirtió la ciudad de Jerusalén en la capital de todo el reino.
«Quiero ser tu amigo como David».
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 50 a 54
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por CeF | 31 Dic, 2010 | Catequesis Testimonios
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando está en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
— ¿Papa?
— Sí, hija, cuéntame
— Oye, quiero… que me digas la verdad
— Claro, hija. Siempre te la digo —respondió el padre un poco sorprendido
— Es que… —titubeó Blanca
— Dime, hija, dime.
— Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero solo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
— Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
— ¿Y tú qué crees, hija?
— Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
— Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
— ¿Entonces es verdad? —cortó la niña con los ojos humedecidos—. ¡Me habéis engañado!
— No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen —respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
— Entonces no lo entiendo, papá.
— Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla —dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
— Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
— ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
— ¡Oh, sí! —exclamó Gaspar—. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
— Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
— Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
— ¡Oh, Señor! —dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
— No os preocupéis por eso —dijo Dios—. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
— ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? —dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
— Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? —preguntó Dios.
— Sí, claro, eso es fundamental — asistieron los tres Reyes.
— Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
— Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje —respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
— Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
— Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
— Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
— No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
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