por Guillermo Mirecki | 31 Mar, 2026 | Postcomunión Dinámicas
La pureza de la fe, la conversión del corazón y la fuerza de Cristo en una joven romana
Objetivo de la sesión
Ayudar a niños, adolescentes, padres y catequistas a descubrir en santa Balbina de Roma una figura luminosa de la primera santidad cristiana, vinculada a la conversión, a la pureza de corazón, a la fe en Jesucristo y a la fuerza sanadora de la gracia. A través de su historia y de la tradición que la une al ambiente apostólico de Roma, esta sesión quiere mostrar que la fe cristiana no es una costumbre heredada sin vida, sino un encuentro con Cristo que transforma, cura, purifica y orienta toda la existencia.
Duración total estimada: 80 minutos.
Distribución orientativa por secciones:
Presentación del tema y del objetivo: 3 minutos.
Introducción: 9 minutos.
Indicación para catequistas y padres: 6 minutos.
Hagiografía amplia: 13 minutos.
Carismas, virtudes y humanidad de la santa: 8 minutos.
Profundización teológica, bíblica y espiritual: 15 minutos.
Explicación catequética de la imagen: 5 minutos.
Actividades catequéticas: 4 actividades de 8-10 minutos cada una, eligiendo dos, tres o las cuatro según el tiempo real del grupo.
Oraciones finales: 5 minutos.
Conclusión y aplicación familiar: 4 minutos.
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Introducción
Muchas veces se piensa en los santos antiguos como personajes lejanos, casi envueltos en una niebla histórica que impide reconocer su fuerza para la vida de hoy. Sin embargo, la santidad de los primeros siglos conserva una actualidad enorme, precisamente porque nace en un mundo duro, pagano, inestable y a menudo hostil a la fe. Los primeros cristianos no vivieron apoyados en una cultura favorable, ni en una sociedad ya evangelizada, ni en una costumbre heredada de siglos. Vivieron porque Cristo era para ellos una presencia real.
Santa Balbina de Roma pertenece a ese ambiente de los primeros testimonios cristianos. La tradición la vincula al círculo de conversión suscitado por la predicación y la santidad apostólica, especialmente en relación con san Pedro y con el ambiente romano de las primeras comunidades. En ella aparecen, de modo muy sugerente, temas de gran valor catequético: la curación interior, la pureza del corazón, la transformación de una vida tocada por la gracia, la dignidad de la joven cristiana y la fuerza de la fe en medio de un mundo no creyente.
El Evangelio enseña que Cristo no vino solamente a mejorar externamente la vida humana, sino a renovarla desde dentro. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10, Biblia CEE). Esa abundancia no significa comodidad, sino plenitud. El Señor toca el alma, ordena el corazón, sana lo herido y despierta la fe. La tradición de santa Balbina está justamente en esa línea: una vida marcada por la acción de Cristo, por la mediación apostólica y por una respuesta creyente que se convierte en santidad.
Para la familia cristiana, esta figura es especialmente útil porque enseña que la fe no se limita a aceptar unas ideas, sino que toca la vida concreta: la enfermedad, el sufrimiento, la búsqueda de sentido, la necesidad de conversión, la pureza de intención y la decisión de vivir para Dios. En un tiempo en que tantas personas buscan curación interior fuera de Cristo, santa Balbina recuerda que el verdadero centro de la sanación del hombre está en el Señor, que llama, purifica y salva. La gran pregunta que abre esta sesión es esta: ¿permitimos de verdad que Cristo entre en nuestra vida para sanarla y convertirla?
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Indicación para catequistas y padres
Esta sesión debe presentarse con serenidad y profundidad. Santa Balbina no es una santa “espectacular” en el sentido superficial del término, y precisamente por eso resulta catequéticamente muy valiosa. El catequista no debe convertir su vida en una acumulación de datos mínimos ni en una narración fría de tradición antigua, sino en una puerta de entrada a cuestiones fundamentales: la conversión, la pureza, la fe apostólica, la sanación del corazón y la llamada a la santidad en medio del mundo.
Con los niños más pequeños conviene insistir en ideas claras y concretas: Jesús cura, Jesús llama, la fe cambia la vida, los santos responden al Señor con un corazón limpio. Con los adolescentes ya puede desarrollarse más la idea de la pureza de corazón, de la libertad interior, del testimonio cristiano en ambientes contrarios a la fe y del valor de la tradición apostólica. Conviene presentar a santa Balbina no solo como una joven piadosa, sino como una mujer tocada por la gracia y transformada por ella.
El catequista debe evitar dos errores. El primero sería reducirlo todo a un relato histórico discutido en sus detalles, como si lo único importante fuera resolver curiosidades eruditas. El segundo sería espiritualizar tanto la figura que la sesión quedara sin carne ni pedagogía. Hay que mantener un buen equilibrio: recoger con respeto la tradición hagiográfica y, al mismo tiempo, mostrar qué enseña esa tradición a la vida cristiana de hoy. No estamos ante una clase de arqueología religiosa, sino ante una catequesis.
Para los padres, la figura de santa Balbina es particularmente útil porque ayuda a comprender que el hogar cristiano no debe ser solo un lugar de normas, sino también de conversión, acompañamiento y fe viva. Una familia cristiana debe enseñar a los hijos a acudir a Cristo cuando hay sufrimiento, a escuchar la voz de la Iglesia, a valorar la pureza del corazón y a comprender que la santidad no es cosa de personas extrañas, sino una posibilidad real para una vida joven y concreta.
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Hagiografía amplia
Santa Balbina de Roma pertenece al grupo de santas antiguas cuya memoria ha sido conservada por la tradición cristiana romana y por el culto venerable de la Iglesia. La tradición la presenta como hija del tribuno Quirino, vinculado a ambientes del primer cristianismo romano y a la figura de san Pedro. En ese contexto aparece una de las escenas más características de su historia: Balbina, afectada por una enfermedad o herida que la hace sufrir, es conducida hacia la fe y hacia la sanación por el contacto con la gracia de Cristo mediada por el testimonio apostólico.
Según la narración tradicional, Quirino, movido por la situación de su hija, entra en contacto con el ámbito apostólico y con san Pedro. La joven Balbina habría recibido una indicación vinculada a la fe en Cristo y a un gesto de veneración hacia las cadenas del apóstol, signo profundamente elocuente en el cristianismo romano: aquello que humanamente parecía instrumento de humillación se convierte, por la gracia, en signo de libertad y sanación. Más allá de la forma exacta de la tradición, el núcleo espiritual es muy claro: Cristo actúa, sana y convierte.
Balbina aparece así como una joven que no solo recibe un beneficio, sino que responde con fe. La curación, en la lógica cristiana, nunca es simplemente biológica o exterior. Siempre apunta más arriba: a la conversión, a la fe, a la vida nueva. Por eso su memoria no quedó reducida a la de una mujer favorecida por un prodigio, sino que se consolidó como memoria de santidad. La Iglesia romana la veneró y transmitió su nombre como el de una virgen y santa, vinculada a ese tiempo originario en que la fe cristiana se abría paso entre cárceles, conversiones y testimonios apostólicos.
La tradición posterior la asocia también a la virginidad consagrada, lo cual resulta teológicamente muy significativo. En el cristianismo antiguo, la virginidad no es una negación amarga de la vida, sino una ofrenda amorosa, una forma de decir que Cristo ha ocupado el centro. La figura de Balbina, unida a la pureza, la sanación y la entrega, se convierte así en una imagen muy fuerte de la persona que ha sido tocada por el Señor y ya no quiere vivir para sí misma.
Su culto romano y la memoria de su nombre indican que la Iglesia vio en ella mucho más que un episodio del pasado. Vio un testimonio. Y esto es lo esencial para la catequesis: santa Balbina enseña que la gracia de Cristo puede entrar en una vida concreta, tocar lo herido, llevar a la conversión, purificar el corazón y abrir un camino de santidad. Es la historia de una joven romana; pero, sobre todo, es la historia de la victoria de la gracia sobre la fragilidad humana.
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Carismas, virtudes y humanidad de la santa
La primera gran nota espiritual de santa Balbina es la pureza del corazón. No se trata aquí de una idea estrecha o reducida solo a un aspecto moral, sino de la integridad interior de quien ha sido orientado enteramente hacia Dios. El Evangelio proclama: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8, Biblia CEE). Balbina representa muy bien esta bienaventuranza: una vida tocada por la gracia y orientada a la verdad.
Brilla también en ella la disponibilidad a la conversión. La tradición no la presenta como alguien encerrado en sí mismo, sino como una persona que responde. Esta disponibilidad es muy importante en catequesis, porque enseña a los jóvenes que la gracia no actúa mágicamente sin libertad: Dios toca, llama y ofrece; el hombre responde.
Otra nota importante es la docilidad a la fe apostólica. Santa Balbina no inventa su camino. No se salva por intuiciones privadas ni por una religiosidad vaga. Entra en la fe a través del contacto con la predicación y el testimonio de la Iglesia naciente. Esto es muy importante hoy, cuando tantas personas quieren a Cristo sin Iglesia o espiritualidad sin verdad.
Finalmente, aparece en ella una firmeza serena. La tradición de las santas romanas de los primeros siglos no está hecha de sentimentalismo, sino de convicción. Balbina ayuda a comprender que la joven cristiana no está llamada a la fragilidad blanda del mundo, sino a la firmeza luminosa de quien ha sido alcanzado por Cristo.
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Profundización teológica, bíblica y espiritual
La figura de santa Balbina permite trabajar tres líneas teológicas muy fecundas: la sanación que viene de Cristo, la pureza del corazón y la inserción del creyente en la fe apostólica de la Iglesia. La primera aparece con mucha claridad en el Evangelio. El Señor no se acerca al hombre solo para mejorarlo un poco, sino para salvarlo de raíz. Sus curaciones siempre apuntan más allá del cuerpo: expresan que el Reino ha llegado, que el pecado no tiene la última palabra y que la vida nueva ya ha comenzado.
En este sentido, es muy significativa la insistencia de la tradición en asociar la historia de Balbina a la mediación apostólica. La sanación no es presentada como fenómeno aislado, sino en conexión con san Pedro y con el testimonio de la Iglesia. Esto permite enseñar algo muy importante: la gracia de Cristo actúa en la Iglesia y a través de ella. No es una energía impersonal, ni una emoción religiosa, ni una autosugestión. Es la vida de Cristo comunicada sacramental y eclesialmente.
La pureza del corazón, segunda gran línea, debe ser explicada con amplitud. La pureza cristiana no es puritanismo ni simple corrección exterior. Es un corazón ordenado, verdadero, unificado. San Agustín insiste repetidamente en que el corazón humano se dispersa cuando ama desordenadamente, y solo se unifica de verdad cuando Dios ocupa el centro. Santa Balbina, desde la tradición que la presenta como virgen y creyente, aparece precisamente como imagen de un corazón ya no dividido.
La tercera línea es la fe apostólica. En un tiempo en que muchos viven una religiosidad difusa, privada o fabricada a medida, la historia de Balbina recuerda que la fe cristiana tiene un origen concreto: viene de Cristo, pasa por los apóstoles, se guarda en la Iglesia y se transmite con fidelidad. Esto es esencial para una catequesis seria. No creemos una idea suelta, sino la verdad revelada custodiada en la Iglesia.
Para la familia, todo esto tiene una aplicación muy concreta. Una casa cristiana debe ser lugar donde se lleven las heridas a Cristo, donde se enseñe que el corazón necesita pureza, donde se valore la pertenencia a la Iglesia y donde se ayude a los hijos a descubrir que la gracia no es un adorno, sino una necesidad. Santa Balbina recuerda que la verdadera curación del hombre empieza cuando Cristo deja de ser un nombre lejano y se convierte en Señor real de la vida.
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Explicación catequética de la imagen

La imagen horizontal elegida presenta a santa Balbina en un contexto romano antiguo, con un leve halo, sosteniendo la cruz y mirando hacia lo alto. A un lado aparece la figura de san Pedro en prisión, y junto a ella una persona mayor en actitud suplicante o necesitada. Al fondo, elementos de la Roma antigua ayudan a situar la escena en el ambiente de los primeros siglos cristianos. Todo ello resulta catequéticamente muy rico.
La cruz en manos de la santa indica que la verdadera respuesta cristiana a la vida nace de Cristo crucificado y resucitado. Su mirada elevada evita que la escena quede reducida a un episodio humano o sentimental: la orientación principal es hacia Dios. La figura de san Pedro encarcelado recuerda la dimensión apostólica de la fe, su vínculo con la Iglesia naciente y el precio real del testimonio cristiano.
La composición ayuda a enseñar que la gracia toca la vida concreta, pero la eleva. No se trata solo de una muchacha romana piadosa; se trata de una joven cuya existencia ha sido transformada por la fe. El catequista puede preguntar: ¿por qué está la cruz en el centro?, ¿qué significa que san Pedro aparezca entre rejas?, ¿por qué Balbina no mira al suelo ni a sí misma, sino hacia arriba?, ¿qué enseña eso a una familia cristiana?
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Actividades catequéticas
Actividad 1. ¿Qué necesita de verdad ser sanado en mí?
Objetivo doctrinal: Comprender que Cristo no viene solo a mejorar cosas externas, sino a sanar el corazón y conducir a la conversión.
Tiempo: 8-10 minutos.
Materiales: cartulina o pizarra, bolígrafos.
El catequista comienza preguntando qué suele pedir la gente cuando sufre: salud, solución rápida, tranquilidad, ayuda material, comprensión. Después explica que todo eso puede ser bueno, pero que Cristo mira más adentro y quiere sanar también lo que el hombre no siempre ve: miedo, rencor, pecado, superficialidad, falta de fe, dureza de corazón. A partir de ahí se invita al grupo a pensar qué heridas interiores necesitan ser llevadas al Señor.
El objetivo no es crear un clima de exposición incómoda, sino de verdad interior. El catequista puede escribir en la pizarra palabras como orgullo, impaciencia, miedo, mentira, envidia, dureza, apatía espiritual. Luego conecta esto con santa Balbina: en la tradición, su historia no queda en una curación exterior, sino que abre un camino de fe.
Microguion orientativo:
— Catequista: «Si Jesús me quitara solo un problema externo, pero yo siguiera por dentro igual de lejos de Él, ¿estaría ya todo resuelto?»
— Niño o adolescente: «No».
— Catequista: «Exacto. Cristo quiere llegar más adentro».
— Catequista: «¿Qué parte de tu corazón necesita más la gracia de Dios?»
— Grupo: respuestas prudentes o silencio guiado.
— Catequista: «Santa Balbina nos recuerda que la sanación cristiana lleva a la conversión».
Indicaciones para el catequista: no fuerces confidencias. La actividad debe invitar a la verdad, no a la exposición emocional. Con adolescentes, puedes hablar de heridas invisibles: ansiedad, vanidad, comparación, vacío interior. Con niños, usa ejemplos más concretos y accesibles.
Aplicación final: cada participante completa en silencio: “Señor, sana en mí…”.
Actividad 2. La pureza del corazón no es ingenuidad
Objetivo doctrinal: Descubrir que la pureza cristiana es integridad interior, verdad y orden del corazón ante Dios.
Tiempo: 8-10 minutos.
Materiales: un vaso de agua limpia y otro con agua enturbiada, o un espejo limpio y otro manchado.
El catequista muestra dos imágenes o dos objetos sencillos: uno limpio y otro turbio o manchado. A partir de ahí pregunta cuál refleja mejor la luz y cuál deja ver mejor la realidad. Luego explica que así pasa con el corazón humano: cuando está confundido, dividido o lleno de cosas desordenadas, deja pasar menos la luz de Dios; cuando se purifica, ve mejor y ama mejor.
Esta actividad sirve para corregir una idea muy pobre de la pureza, entendida solo como una prohibición o como un moralismo seco. La pureza, en sentido cristiano, es tener el corazón ordenado para Dios. Santa Balbina resulta aquí un modelo muy útil, porque su tradición la presenta como una joven configurada por la fe y orientada enteramente al Señor.
Microguion orientativo:
— Catequista: «¿Qué refleja mejor la luz, el agua limpia o el agua turbia?»
— Niño: «La limpia».
— Catequista: «¿Y el corazón?»
— Grupo: respuestas.
— Catequista: «Muy bien. Un corazón puro no es un corazón tonto, sino un corazón claro, verdadero, sin doblez».
— Catequista: «Por eso Jesús dice: “Bienaventurados los limpios de corazón”».
Indicaciones para el catequista: evita un tono estrecho o meramente prohibitivo. Habla de integridad, de verdad, de unidad interior. Con adolescentes, resulta útil conectar la pureza con la forma de mirar a los demás, de usar el cuerpo, de pensar y de tratarse a sí mismos.
Aplicación final: invitar a un examen sencillo: “¿Qué ensucia hoy más mi corazón?”.
Actividad 3. La fe apostólica: no me invento a Cristo
Objetivo doctrinal: Comprender que la fe cristiana no nace de opiniones privadas, sino de Cristo recibido en la Iglesia apostólica.
Tiempo: 8-10 minutos.
Materiales: Biblia, crucifijo o una imagen sencilla de san Pedro.
El catequista recuerda que la tradición de santa Balbina la vincula a san Pedro y al ambiente apostólico romano. A partir de ahí plantea una pregunta directa: “¿Puedo creer en Jesús como yo quiera, o debo recibir la fe tal como Él la ha entregado a la Iglesia?”. Se deja que el grupo responda y luego se explica que la fe cristiana no es un invento personal. Cristo quiso apóstoles, Iglesia, transmisión, sacramentos y verdad.
Esta actividad es muy importante hoy, porque muchos jóvenes crecen con una idea vaga de espiritualidad: “yo creo a mi manera”, “me quedo con lo que me gusta”, “tengo mi propio Dios”. Santa Balbina ayuda a corregir esto: la fe entra en su vida a través del contacto con la predicación apostólica, no a través de una invención subjetiva.
Microguion orientativo:
— Catequista: «Si cada uno se inventa a Cristo a su medida, ¿todos estarían siguiendo al mismo Señor?»
— Adolescente: «No».
— Catequista: «Exacto. La fe no se fabrica. Se recibe».
— Catequista: «¿Y quién la custodia?»
— Grupo: «La Iglesia».
— Catequista: «Muy bien. Por eso santa Balbina es tan actual: su historia apunta a la fe apostólica, no a una religiosidad improvisada».
Indicaciones para el catequista: no presentes esta actividad con tono polémico, sino formativo. La clave es enseñar que pertenecer a la Iglesia no reduce la fe, sino que la salva de la confusión. Con niños pequeños, simplifica mucho y quédate con la idea: Jesús nos da la fe a través de su Iglesia.
Aplicación final: proponer que durante la semana la familia rece por el Papa, por la Iglesia y por la fidelidad a la fe católica.
Actividad 4. Lectio divina: “Bienaventurados los limpios de corazón”
Objetivo doctrinal: Aprender, a la luz de la Palabra de Dios, que la pureza del corazón es condición para ver a Dios y vivir en su verdad.
Tiempo: 10-12 minutos.
Materiales: Biblia.
El catequista introduce el momento diciendo: «Ahora vamos a escuchar a Dios. La vida de santa Balbina nos lleva a pensar en la pureza, en la sanación del corazón y en la respuesta a la gracia. Vamos a dejar que sea el Señor quien nos hable». Se proclama lentamente Mt 5,8: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Biblia CEE). Si se desea, puede leerse también el contexto de las bienaventuranzas.
Después se guarda un silencio real. El catequista invita a fijarse en una palabra concreta: “bienaventurados”, “limpios”, “corazón”, “verán a Dios”. Luego pregunta cuál ha resonado más y por qué. Después conecta el texto con la figura de santa Balbina: una vida tocada por la gracia que se orienta hacia Dios con corazón purificado.
Microguion orientativo:
— Catequista: «¿Qué significa tener el corazón limpio?»
— Niño o adolescente: respuestas.
— Catequista: «No significa no tener problemas, sino tener el interior ordenado para Dios».
— Catequista: «¿Y qué promete Jesús?»
— Grupo: «Verán a Dios».
— Catequista: «Eso es enorme. La pureza no es una carga: es el camino para ver de verdad».
Después se hace una breve oración guiada: «Señor Jesús, purifica nuestro corazón, sana lo que está torcido en nosotros y haznos amar la verdad, la pureza y la fe de tu Iglesia».
Indicaciones para el catequista: no conviertas la lectio en una explicación moralista. La clave es la escucha de la Palabra. Mantén el silencio y deja que la frase bíblica trabaje por dentro. Con adolescentes, puedes ligar la pureza con la verdad interior y con la forma de mirar, de hablar y de vivir.
Aplicación final: invitar a repetir interiormente durante la semana: “Señor, dame un corazón limpio”.
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Oraciones finales
Santa Balbina de Roma,
joven tocada por la gracia de Cristo,
enséñanos a buscar al Señor con sinceridad,
a dejar que Él sane nuestro corazón,
a vivir con pureza y con verdad,
a no alejarnos de la fe apostólica
y a responder con generosidad a la llamada de Dios.
Ruega por nosotros.
Señor Jesús,
Tú que sanas lo herido,
purificas lo turbio
y das vida nueva a quien te busca,
entra en nuestro hogar,
cura lo que está desordenado en nosotros,
fortalece nuestra fe,
haznos amar a tu Iglesia
y danos un corazón limpio para verte y seguirte.
Amén.
Espíritu Santo,
luz interior de los santos,
ordena nuestros deseos,
guía nuestros pensamientos,
haznos amar la verdad,
vivir en pureza de corazón
y permanecer fieles al Evangelio de Cristo.
No permitas que nos acostumbremos a la mediocridad,
sino condúcenos a una vida verdaderamente santa.
Amén.
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Conclusión y aplicación familiar
Santa Balbina enseña a las familias que la santidad empieza cuando Cristo entra de verdad en la vida y toca el corazón. Su memoria invita a no conformarse con una fe decorativa o superficial. La curación, la pureza interior, la pertenencia a la Iglesia y la respuesta generosa a la gracia forman parte de una misma llamada: vivir para Dios con un corazón limpio.
A los padres: enseñad a vuestros hijos a llevar a Cristo sus heridas, sus dudas y sus luchas interiores, no solo sus necesidades externas.
A los niños y adolescentes: aprended que un corazón limpio vale más que una imagen bonita por fuera, y que la fe verdadera se vive en la verdad.
A los catequistas: presentad a santa Balbina como una santa de conversión, pureza, fe apostólica y sanación interior, muy útil para nuestro tiempo.
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por Guillermo Mirecki | 30 Mar, 2026 | La Biblia
Juan 13, 21-33.36-38. Martes Santo – Semana Santa. Quien rompe la amistad con Jesús, quien se sacude de encima su «yugo ligero», no alcanza la libertad, sino que, por el contrario, se convierte en esclavo.
Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará». Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos —el discípulo al que Jesús amaba— estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: «A donde yo voy, ustedes no pueden venir». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás». Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de Isaías, Is 49, 1-6
Salmo: Sal 71(70), 1-6.15.17
Oración introductoria
Señor, ¿estoy realmente dispuesto a dar todo por Ti? Que ingenuo soy al pensar que podría renunciar a todo por tu amor sino logro serte fiel en el día a día. Permite que esta oración me lleve a crecer en el amor, en lo ordinario del día de hoy, para que así confíe auténticamente en tu gracia y pueda entregarte todo.
Petición
Dame la sabiduría para entender, Señor, que la fidelidad no es otra cosa que la obediencia pronta a tus inspiraciones.
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
Lo que sucedió con Judas, para Juan, ya no es explicable psicológicamente. Ha caído bajo el dominio de otro: quien rompe la amistad con Jesús, quien se sacude de encima su «yugo ligero», no alcanza la libertad, no se hace libre, sino que, por el contrario, se convierte en esclavo de otros poderes; o más bien: el hecho de que traicione esta amistad proviene ya de la intervención de otro poder, al que ha abierto sus puertas. Y, sin embargo, la luz que se había proyectado desde Jesús en el alma de Judas no se oscureció completamente. Hay un primer paso hacia la conversión: «He pecado», dice a sus mandantes. Trata de salvar a Jesús y devuelve el dinero. Todo lo puro y grande que había recibido de Jesús seguía grabado en su alma, no podía olvidarlo. Su segunda tragedia, después de la traición, es que ya no logra creer en el perdón. Su arrepentimiento se convierte en desesperación.
Santo Padre Benedicto XVI
Jesús de Nazaret, segunda parte, p. 29
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
II. Los fieles cristianos laicos
897 «Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan a su manera de las funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo» (LG 31).
La vocación de los laicos
898 «Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios […] A ellos de manera especial corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor» (LG 31).
899 La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas. Esta iniciativa es un elemento normal de la vida de la Iglesia:
«Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Romano Pontífice, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia» (Pío XII, Discurso a los cardenales recién creados, 20 de febrero de 1946; citado por Juan Pablo II en CL 9).
900 Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra; esta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia (cf. LG 33).
La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo
901 «Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo (cf 1P 2, 5), que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios» (LG 34; cf. LG 10).
902 De manera particular, los padres participan de la misión de santificación «impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos» (CIC, can. 835, 4).
903 Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito (cf. CIC, can. 230, 1). «Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el Bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho» (CIC, can. 230, 3).
Su participación en la misión profética de Cristo
904 «Cristo […] realiza su función profética no sólo a través de la jerarquía […] sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra» (LG 35).
«Enseñar a alguien […] para traerlo a la fe […] es tarea de todo predicador e incluso de todo creyente (Santo Tomás de Aquino, S. Th. 3, q. 71, a.4, ad 3).
905 Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con «el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra». En los laicos, «esta evangelización […] adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo» (LG 35):
«Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes […] como a los fieles» (AA 6; cf. AG 15).
906 Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello también pueden prestar su colaboración en la formación catequética (cf. CIC, can. 774, 776, 780), en la enseñanza de las ciencias sagradas (cf. CIC, can. 229), en los medios de comunicación social (cf. CIC, can 823, 1).
907 «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas» (CIC, can. 212, 3).
Su participación en la misión real de Cristo
908 Por su obediencia hasta la muerte (cf. Flp 2, 8-9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, «para que vencieran en sí mismos, con la apropia renuncia y una vida santa, al reino del pecado» (LG 36):
«El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable» (San Ambrosio, Expositio psalmi CXVIII, 14, 30: PL 15, 1476).
909 «Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas» (LG 36).
910 «Los seglares […] también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles» (EN 73).
911 En la Iglesia, en el ejercicio de la potestad de régimen «los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho» (CIC, can. 129, 2). Así, con su presencia en los concilios particulares (can. 443, 4), los sínodos diocesanos (can. 463, 1 y 2), los consejos pastorales (can. 511; 536); en el ejercicio de la tarea pastoral de una parroquia (can. 517, 2); la colaboración en los consejos de los asuntos económicos (can. 492, 1; 536); la participación en los tribunales eclesiásticos (can. 1421, 2), etc.
912 Los fieles han de «aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios» (LG 36).
913 «Así, todo laico, por el simple hecho de haber recibido sus dones, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma `según la medida del don de Cristo'» (LG 33).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Ante las preocupaciones y los problemas del día, decir: Jesús en ti confío.
Diálogo con Cristo
Gracias, Padre mío, por recordarme lo frágil que puede ser mi voluntad. Quiero ser tu amigo fiel que nunca llegue a desconfiar de tu misericordia. Permite que mi servicio a los demás sea humilde y generoso, que no haya nunca un interés egoísta o fines utilitaristas en mis relaciones con los demás.
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Evangelio del día en «Catholic.net»
Evangelio del día en «Evangelio del día»
Evangelio del día en «Orden de Predicadores»
Evangelio del día en «Evangeli.net»
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por EvangelizaciónCatólica.org. | 7 Oct, 2025 | Primera comunión Dinámicas
Con ocasión de la fiesta de santa Faustina o del segundo domingo de Pascua y la Fiesta de la Divina Misericordia realizamos una catequesis especial sobre este tema.
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Oración inicial
Cada niño expresa aquello que quiere decirle a Jesús.
Motivación y desarrollo
Si estamos en Pascua: ¿Qué es la Pascua?
Si es con motivo de la fiesta de santa Faustina Kowalska: ¿Qué es la Divina Misericordia?
Es muy importante que los niños comiencen a reconocer y entender los tiempos fuertes dentro del calendario litúrgico. Para explicarles a los niños el sentido de la Pascua pueden utilizarse los siguientes cómics:
Para el desarrollo del tema, nos sentamos en círculo en el piso para contarles la historia de Sor Faustina y la fiesta de la Divina Misericordia. El blog El Rincón de las Melli, tiene material muy útil y sencillo. Así que utilicé sus recursos para, de manera sencilla, explicarle a los niños quién fue sor Faustina, de donde surge la fiesta de la Misericordia y lo qué significa «misericordia».
Actividad
Lapbook de Santa Faustina y la Divina Misericordia
Para la aplicación de lo aprendido preparamos un lapbook con unas hermosas ilustraciones que nuestra artista Mary Torres preparó especialmente para la catequesis preescolar. Para la elaboración del lapbook puedes utilizar toda tu creatividad e incluir otros elementos. Yo lo mantuve muy sencillo para que nos diera el tiempo de terminarlo. Así nos quedó:

Puedes descargar las ilustraciones y utilizarlas en la catequesis o en tu hogar.
Artículo original en EvangelizaciónCatólica.org.
por Catequesis en Familia | 2 Jun, 2017 | La Biblia
Mateo 12, 1-8. Viernes de la 15.ª semana del Tiempo Ordinario. La verdadera religión consiste en el amor a Dios y al prójimo; esto es lo que da valor al culto y a la práctica de los preceptos.
En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado». Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado».
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro del Éxodo, Éx 11, 10; 12, 14
Salmo: Sal 116(115)
Oración introductoria
Padre Santo, me pongo en tu presencia mientras contemplo a tu Hijo en la cruz. Te imploro por la luz de tu Espíritu Santo para comprender en esta oración qué es lo que tengo que hacer para crecer en el amor. Dame tu gracia para amar como Tú amas.
Petición
Señor, hazme comprender el auténtico sentido de tu Palabra, para vivirla y poder ser ejemplo de vida cristiana.
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas:
En el centro de la liturgia de la Palabra de este domingo está una expresión del profeta Oseas, que Jesús retoma en el Evangelio: «Quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos» (Os 6, 6). Se trata de una palabra clave, una de las palabras que nos introducen en el corazón de la Sagrada Escritura. El contexto, en el que Jesús la hace suya, es la vocación de Mateo, de profesión «publicano», es decir, recaudador de impuestos por cuenta de la autoridad imperial romana; por eso mismo, los judíos lo consideraban un pecador público. Después de llamarlo precisamente mientras estaba sentado en el banco de los impuestos —ilustra bien esta escena un celebérrimo cuadro de Caravaggio—, Jesús fue a su casa con los discípulos y se sentó a la mesa junto con otros publicanos. A los fariseos escandalizados, les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. (…) No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9, 12-13). El evangelista san Mateo, siempre atento al nexo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, en este momento pone en los labios de Jesús la profecía de Oseas: «Id y aprended lo que significa: «Misericordia quiero y no sacrificios»».
Es tal la importancia de esta expresión del profeta, que el Señor la cita nuevamente en otro contexto, a propósito de la observancia del sábado (cf. Mt 12, 1-8). También en este caso, Jesús asume la responsabilidad de la interpretación del precepto, revelándose como «Señor» de las mismas instituciones legales. Dirigiéndose a los fariseos, añade: «Si comprendierais lo que significa: «Misericordia quiero y no sacrificios», no condenaríais a personas sin culpa» (Mt 12, 7). Por tanto, Jesús, el Verbo hecho hombre, «se reconoció», por decirlo así, plenamente en este oráculo de Oseas; lo hizo suyo con todo el corazón y lo realizó con su comportamiento, incluso a costa de herir la susceptibilidad de los jefes de su pueblo. Esta palabra de Dios nos ha llegado, a través de los Evangelios, como una de las síntesis de todo el mensaje cristiano: la verdadera religión consiste en el amor a Dios y al prójimo. Esto es lo que da valor al culto y a la práctica de los preceptos.
Dirigiéndonos ahora a la Virgen María, pidamos por su intercesión vivir siempre en la alegría de la experiencia cristiana. Que la Virgen, Madre de la Misericordia, suscite en nosotros sentimientos de abandono filial a Dios, que es misericordia infinita; que ella nos ayude a hacer nuestra la oración que san Agustín formula en un famoso pasaje de sus Confesiones: «¡Señor, ten misericordia de mí! Mira que no oculto mis llagas. Tú eres el médico; yo soy el enfermo. Tú eres misericordioso; yo, lleno de miseria. (…) Toda mi esperanza está puesta únicamente en tu gran misericordia» (X, 28. 39; 29. 40).
Santo Padre Benedicto XVI
Ángelus del domingo, 8 de junio de 2008
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
I. La misericordia y el pecado
1846 El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: “Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28).
1847 Dios, “que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti” (San Agustín, Sermo 169, 11, 13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia” (1 Jn 1,8-9).
1848 Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, […] sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos “la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Rm 5, 20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su Palabra y su Espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado:
«La conversión exige el reconocimiento del pecado, supone el juicio interior de la propia conciencia, y éste, puesto que es la comprobación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: “Recibid el Espíritu Santo”. Así, pues, en este “convencer en lo referente al pecado” descubrimos una «doble dádiva»: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito» (DeV 31).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Procurar un estilo de vida más sencillo y sobrio para ser solidario con los necesitados.
Diálogo con Cristo
«Vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios». Permite, Señor, que ésta sea mi actitud, mi estilo de vida. No evadir egoístamente los problemas, afrontarlos sabiendo que Tú estás conmigo, viviendo auténticamente mi libertad, dando a mi vida la trascendencia para la cual fue creada.
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por Catequesis en Familia | 7 Abr, 2017 | La Biblia
Juan 20, 19-31. Segundo Domingo del Tiempo de Pascua. Domingo de la Divina Misericordia. Es necesario salir de nosotros mismos e ir por el camino del hombre para descubrir que las llagas de Jesús son todavía hoy visibles en el cuerpo de los hermanos que tienen hambre, sed, que están desnudos, humillados, esclavizados, que se encuentran en la cárcel y en el hospital. Tocando estas llagas, acariciándolas, es posible «adorar al Dios vivo en medio de nosotros».
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 2, 42-47
Salmo: Sal 118(117), 2-4.13-15ab.22-24
Segunda lectura: Epístola I de San Pedro, 1 Pe 1, 3-9
Oración introductoria
¡Señor mío y Dios mío! Ten compasión de mí porque, como Tomás, hay ocasiones en que dudo de mi fe. En este domingo que me invitas a contemplar tu inmensa misericordia, que me muestras tu costado y tus llagas, y me invitas a experimentar tu cercanía por medio de la oración, no puedo más que decir: ¡Tú, Señor, eres mi Dios!
Petición
Te pedimos Señor que nos concedas la gracia de ser dignos de la bienaventuranza: «Dichosos los que crean sin haber visto». Con la fe, nuestra vida será inmensamente dichosa, serena, sencilla y feliz. ¡Con Cristo resucitado!
Meditación del Santo Padre Francisco
Jesús, después de la resurrección, se aparece a los apóstoles, pero Tomás no estaba allí: Ha querido que esperara una semana. El Señor sabe por qué hace las cosas. Y a cada uno de nosotros le da el tiempo que él piensa que es mejor para nosotros. A Tomás le ha concedido una semana. Jesús se revela con sus llagas. Todo su cuerpo estaba limpio, hermoso, lleno de luz, pero las heridas estaban y todavía están, y cuando el Señor venga en el fin del mundo, nos hará ver sus llagas. Tomás, para creer, quería meter sus dedos en aquellas llagas:
Él era un terco. Pero el Señor se ha servido de un terco para hacernos comprender algo más grande. Tomás ha visto al Señor, y fue invitado a meter el dedo en las llagas de los clavos; meter su mano en el costado; pero no dijo: «Es verdad: ¡el Señor ha resucitado!». ¡No! Ha ido más allá. Ha dicho: «¡Dios». Fue el primero de los discípulos en hacer la confesión de la divinidad de Cristo, después de la resurrección. Y lo adoró.
Cuál era la intención del Señor para hacerlo esperar: tomar también su incredulidad, no para llevarlo a la afirmación de la resurrección, sino a la afirmación de su divinidad. El camino hacia el encuentro con Jesús-Dios, son las llagas. No hay otro…
Santo Padre Francisco: Tocar las llagas de Jesús
Homilía del miércoles, 3 de julio de 2013
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas:
Este domingo cierra la Octava de Pascua como un único día «en que actuó el Señor», caracterizado por el distintivo de la Resurrección y de la alegría de los discípulos al ver a Jesús. Desde la antigüedad este domingo se llama «in albis», del término latino «alba», dado al vestido blanco que los neófitos llevaban en el Bautismo la noche de Pascua y se quitaban a los ocho días, o sea, hoy. El venerable Juan Pablo II dedicó este mismo domingo a la Divina Misericordia con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska, el 30 de abril de 2000.
De misericordia y de bondad divina está llena la página del Evangelio de san Juan (20, 19-31) de este domingo. En ella se narra que Jesús, después de la Resurrección, visitó a sus discípulos, atravesando las puertas cerradas del Cenáculo. San Agustín explica que «las puertas cerradas no impidieron la entrada de ese cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de su madre, pudo entrar en el Cenáculo a puerta cerrada» (In Ioh. 121, 4: CCL 36/7, 667); y san Gregorio Magno añade que nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria (cfr. Hom. in Evang., 21, 1: CCL141, 219). Jesús muestra las señales de la pasión, hasta permitir al incrédulo Tomás que las toque. ¿Pero cómo es posible que un discípulo dude? En realidad, la condescendencia divina nos permite sacar provecho hasta de la incredulidad de Tomás, y de la de los discípulos creyentes. De hecho, tocando las heridas del Señor, el discípulo dubitativo cura no sólo su desconfianza, sino también la nuestra.
La visita del Resucitado no se limita al espacio del Cenáculo, sino que va más allá, para que todos puedan recibir el don de la paz y de la vida con el «Soplo creador». En efecto, en dos ocasiones Jesús dijo a los discípulos: «¡Paz a vosotros!», y añadió: «Como el Padre me ha enviado, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos, diciendo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos». Esta es la misión de la Iglesia perennemente asistida por el Paráclito: llevar a todos el alegre anuncio, la gozosa realidad del Amor misericordioso de Dios, «para que —como dice san Juan— creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (20, 31).
A la luz de estas palabras, aliento, en particular a todos los pastores a seguir el ejemplo del santo cura de Ars, quien «supo en su tiempo transformar el corazón y la vida de muchas personas, pues logró hacerles percibir el amor misericordioso del Señor.
Santo Padre Benedicto XVI
Regina Caeli del Domingo, 11 de abril de 2010
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
II. La Resurrección obra de la Santísima Trinidad
648 La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención transcendente de Dios mismo en la creación y en la historia. En ella, las tres Personas divinas actúan juntas a la vez y manifiestan su propia originalidad. Se realiza por el poder del Padre que «ha resucitado» (Hch 2, 24) a Cristo, su Hijo, y de este modo ha introducido de manera perfecta su humanidad —con su cuerpo— en la Trinidad. Jesús se revela definitivamente «Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos» (Rm1, 3-4). San Pablo insiste en la manifestación del poder de Dios (cf. Rm 6, 4; 2 Co 13, 4; Flp 3, 10; Ef 1, 19-22; Hb 7, 16) por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la ha llamado al estado glorioso de Señor.
649 En cuanto al Hijo, él realiza su propia Resurrección en virtud de su poder divino. Jesús anuncia que el Hijo del hombre deberá sufrir mucho, morir y luego resucitar (sentido activo del término) (cf. Mc 8, 31; 9, 9-31; 10, 34). Por otra parte, él afirma explícitamente: «Doy mi vida, para recobrarla de nuevo … Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo» (Jn 10, 17-18). «Creemos que Jesús murió y resucitó» (1 Ts 4, 14).
650 Los Padres contemplan la Resurrección a partir de la persona divina de Cristo que permaneció unida a su alma y a su cuerpo separados entre sí por la muerte: «Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en cada una de las dos partes del hombre, las que antes estaban separadas y segregadas, éstas se unen de nuevo. Así la muerte se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la unión de las dos partes separadas» (San Gregorio de Nisa, De tridui inter mortem et resurrectionem Domini nostri Iesu Christi spatio; cf. también DS 325; 359; 369; 539).
Catecismo de la Iglesia Católica
Diálogo con Cristo
No soy católico por seguir unos mandamientos o creer en una doctrina, sino por seguir a una persona, que me ama. Jesús, quiero ocupar esa habitación que con tanto amor has preparado para mí. No permitas que sea indiferente a esta maravillosa verdad. Ayúdame a permanecer siempre cerca de Ti, por la frescura y la delicadeza de la vida de gracia, por los momentos de oración y por la fidelidad a las inspiraciones del Espíritu Santo.
Propósito
Ayunar de pesimismo para crecer en la esperanza de que, con Cristo, puedo ser santo.
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por Catequesis en Familia | 7 Mar, 2017 | La Biblia
Lucas 11, 29-32. Miércoles de la 1.ª semana de Cuaresma. Para salvarnos es necesario seguir el «signo de Jonás», o sea, la misericordia del Señor.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de Jonás, Jon 3, 1-10
Salmo: Sal 51(50), 3-4.12-13.18-19
Oración introductoria
Señor, conoces mi corazón, todos mis pensamientos, deseos e intenciones, buenos y malos, y sé que puedo contar con tu amor, aunque no soy digno de él. Gracias por tu paciencia y misericordia, por las innumerables gracias que hoy quieres concederme en esta oración, por eso te pido que me ilumines para dedique estos preciosos momentos a contemplar la grandeza de tu amor.
Petición
Señor, no permitas que te pida señales o dude de Ti, ayúdame a crecer cada día en la fe y en la humildad.
Meditación del Santo Padre Francisco
Hay una grave enfermedad que amenaza hoy a los cristianos: el «síndrome de Jonás», aquello que hace sentirse perfectos y limpios como recién salidos de la tintorería, al contrario de aquellos a quienes juzgamos pecadores y por lo tanto condenados a arreglárselas solos, sin nuestra ayuda. Jesús en cambio recuerda que para salvarnos es necesario seguir el «signo de Jonás», o sea, la misericordia del Señor. Es éste en sustancia el sentido de la reflexión que propuso el Papa Francisco durante la misa celebrada el lunes 14 de octubre.
Comentando las lecturas de la liturgia, tomadas de la carta de san Pablo a los Romanos (1, 1-7) y del Evangelio de Lucas (11, 29-32), el Pontífice inició precisamente por aquella «palabra fuerte» con la que Jesús se dirige a un grupo de personas llamándolas «generación perversa». Es «una palabra —observó— que casi parece un insulto: esta generación es una generación perversa. ¡Es muy fuerte! Jesús, tan bueno, tan humilde, tan manso, pero dice esta palabra». Sin embargo, como explicó el Pontífice, Él no se refería ciertamente a la gente que le seguía; se refería más bien a los doctores de la ley, a los que buscaban ponerle a prueba, hacerle caer en una trampa. Era toda gente que le pedía signos, pruebas. Y Jesús responde que el único signo que se les dará será «el signo de Jonás».
¿Pero cuál es el signo de Jonás? «La semana pasada —recordó el Papa— la liturgia nos ha hecho reflexionar sobre Jonás. Y ahora Jesús promete el signo de Jonás». Antes de explicar este signo, el Papa Francisco invitó a reflexionar sobre otro detalle que se deduce de la narración evangélica: «el síndrome de Jonás», lo que el profeta tenía en su corazón. Él «no quería ir a Nínive y huyó a España», dijo el Santo Padre. Pensaba que tenía las ideas claras: «la doctrina es ésta, se debe creer esto. Si ellos son pecadores, que se las arreglen; ¡yo no tengo que ver! Este es el síndrome de Jonás». Y «Jesús lo condena. Por ejemplo, en el capítulo vigésimo tercero de san Mateo los que creen en este síndrome son llamados hipócritas. No quieren la salvación de esa pobre gente. Dios dice a Jonás: pobre gente, no distinguen la derecha de la izquierda, son ignorantes, pecadores. Pero Jonás continúa insistiendo: ¡ellos quieren justicia! Yo observo todos los mandamientos; ellos que se las arreglen».
He aquí el síndrome de Jonás, «que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor». El Papa recordó que el Señor «ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás». Y añadió: «En la otra versión, la de Mateo, se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días… La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos».
Para aclarar más el concepto, el Obispo de Roma se refirió a otra parábola del Evangelio «que representa bien lo que Jesús quiere decir. Es la parábola del fariseo y del publicano que oran en el templo (Lucas 14, 10-14). El fariseo está tan seguro ante el altar que dice: te doy gracias Dios porque no soy como todos estos de Nínive ni siquiera como ese que está allí. Y ese que estaba allí era el publicano, que decía sólo: Señor ten piedad de mí que soy pecador».
El signo que Jesús promete «es su perdón —precisó el Papa Francisco— a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios». Así que «el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva». Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes.
Por lo tanto «el síndrome de Jonás afecta a quienes tienen confianza sólo en su justicia personal, en sus obras». Y cuando Jesús dice «esta generación perversa», se refiere «a todos aquellos que tienen en sí el síndrome de Jonás». Pero hay más: «El síndrome de Jonás —afirmó el Papa— nos lleva a la hipocresía, a esa suficiencia que creemos alcanzar porque somos cristianos limpios, perfectos, porque realizamos estas obras, observamos los mandamientos, todo. Una grave enfermedad, el síndrome de Jonás». Mientras que «el signo de Jonás» es «la misericordia de Dios en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación».
«Hay dos palabras en la primera lectura —añadió— que se relacionan con esto. Pablo dice de sí mismo que es apóstol, no porque haya estudiado, sino que es apóstol por llamada. Y a los cristianos dice: vosotros sois llamados por Jesucristo. El signo de Jonás nos llama». Que la liturgia del día, concluyó el Pontífice, nos ayude a comprender y a hacer una elección: «¿Queremos seguir el síndrome de Jonás o el signo de Jonás?».
Santo Padre Francisco: El síndrome de Jonás
Homilía del lunes, 14 de octubre de 2013
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
I. La misericordia y el pecado
1846 El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: “Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28).
1847 Dios, “que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti” (San Agustín, Sermo 169, 11, 13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia” (1 Jn 1,8-9).
1848 Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, […] sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos “la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Rm 5, 20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su Palabra y su Espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado:
«La conversión exige el reconocimiento del pecado, supone el juicio interior de la propia conciencia, y éste, puesto que es la comprobación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: “Recibid el Espíritu Santo”. Así, pues, en este “convencer en lo referente al pecado” descubrimos una «doble dádiva»: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito» (DeV 31).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Rezar el resto de esta semana, una oración para pedir la humildad.
Diálogo con Cristo
Señor, ¡qué distinto sería el mundo si los cristianos viviéramos en todo tu mensaje redentor! Mi falta de fe y soberbia inutilizan tu gracia, porque aunque digo que soy cristiano, muchas veces, en la vida diaria, me comporto como si no lo fuera, porque frecuentemente pierdo la paciencia, soy mal humorado y altanero en mi trato con los demás. Ayúdame para que, lleno de alegría y optimismo, dedique mi tiempo a querer, a amar, a sonreír y a poner en práctica mi fe para hacer feliz a los demás.
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por Luis M. Benavides | 11 Jun, 2016 | Catequesis Artículos
La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida… Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar.

(Misericordiae Vultus, 9)
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El llamado a la conversión o cambio de vida
Escuchamos al Papa Francisco
La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida… Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar.
La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción… La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia… ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón!
Misericordiae Vultus, 9

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Escuchamos la Palabra de Dios
Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: Se ha ido a alojar en casa de un pecador. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más. Y Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Evangelio según san Lucas 19, 1-10
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Un salmo para alabar
A cada estrofa del salmo repetimos:
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.
¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?
Júzgame, oh Dios,
y defiende mi causa
contra la gente sin piedad;
líbrame del hombre falso y perverso.
Si tú eres mi Dios y mi fortaleza,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué tendré que estar triste,
oprimido por mi enemigo?
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas.
Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío.
¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.
Salmo 43
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Para reflexionar y/o compartir en grupo
-
Pensamos en aquellos que nos sentimos alejados, por diferentes circunstancias.
-
¿Nos dejamos tocar el corazón por el amor misericordioso de Jesús?
-
¿Qué nos sugiere la frase de Francisco: “este es el tiempo oportuno para cambiar de vida…”
-
¿Qué actitudes serían necesarias de nuestra parte? Escribimos una pequeña lista de actitudes y las colocamos en el corazón de Jesús. Oramos por el otro.
-
¿Somos capaces de tomar la iniciativa, como Jesús, para reconstruir el vínculo?
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Intenciones
A cada intención respondemos: : ¡Ayúdanos a cambiar de vida y a convertir nuestro corazón!
-
Te rogamos que protejas y acompañes al Papa Francisco para que siga denunciando con firmeza las injusticias y desigualdades de este mundo. Oremos…
-
Haz que podamos cambiar, con nuestras actitudes de vida, todo sistema que conduce a la insensibilidad social. Oremos…
-
Ayúdanos a ser cada día más comprometidos, denunciando toda clase de opresión y esclavitud, sometimiento y corrupción. Oremos…
-
Te pedimos por los que más tienen, para que toques su corazón y los hagas sensibles frente a las necesidades de los más pobres. Oremos…
-
Ayúdanos a tomar conciencia y liberarnos de todo sistema corrupto, que destruye nuestras vidas y la de nuestros hermanos. Oremos…
-
Para que la Iglesia siga siendo fiel a su misión profética de denunciar todo aquello que atente contra la vida humana. Oremos…
Agregamos nuestras intenciones personales y comunitarias…
Rezamos un Padrenuestro, un Avemaría y el Gloria.
Repetimos con convicción la advocación: ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío!
Oración: Señor de la fortaleza y el perdón. Te pedimos que vengas en nuestro auxilio y nos orientes cuando estamos perdidos, alejados de Ti y de nuestros hermanos. Haz que podamos acercarnos a Ti con un corazón contrito y arrepentido y que por los méritos de la preciosa sangre de tu Hijo, Jesucristo, nuestros pecados sean perdonados y podamos alcanzar la felicidad y la vida en plenitud. ¡Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor! ¡Amén! ¡Aleluya!
Señal de la Cruz
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Compromiso personal del mes
Este mes de junio voy a hacer una confesión general ante un sacerdote u otro compromiso similar. También podré enseñar al que no sabe y corregir, con caridad, al que yerra u otro compromiso similar.
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Para memorizar y rezar durante el mes
¡María de Guadalupe, ayúdanos a cambiar de vida y ser misericordiosos con nuestros hermanos!
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La misericordia en los santos
San Ignacio de Loyola (1491-1556).
Un ministerio entre enfermos y pobres.
Luego de su gran conversión, desarrolló frecuentemente su ministerio entre los enfermos incurables en varios hospitales. En Roma abrió una casa para ex-prostitutas, otra para jóvenes sometidas a explotación y un orfanato. También importante, como Superior General de la recién nacida Compañía de Jesús, fue su insistencia en que todos los novicios debían hacer algún tipo de experiencia en un ministerio que se desarrollase entre enfermos y pobres. Sus ejercicios espirituales han abierto los ojos de muchos hombres y mujeres sobre el papel de Dios en sus vidas, y han inflamado su corazón para que pudieran dedicar su vida a las obras de caridad.
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Un cuento para pensar
Cambiar a los demás
Hace mucho tiempo en la China, una joven llamada Li-Li se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Li-Li fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron, Li-Li y su suegra cada vez discutían y peleaban más. De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo.
Li-Li, no soportando más vivir con la suegra, tomó la decisión de envenenar a su suegra. Para ello, fue a visitar al Sr. Huang, un antiguo amigo de su padre.
Después de oírla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo:
-No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Deberás darle varias hierbas que irán lentamente envenenando su cuerpo. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones.
Li-Li respondió: –Sí, maestro Huang, haré todo lo que usted me diga.
Li-Li agradeció al maestro Huang y regresó diligente para comenzar con el proyecto de asesinar a su suegra. Fueron pasando las semanas y cada dos días –según le había indicado el señor Huang- Li-Li servía una comida especialmente preparada para su suegra. Siempre recordaba lo que el maestro le había recomendado para evitar sospechas: controlaba su temperamento, obedecía a su suegra y la trataba como si fuese su propia madre. Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada.
Li-Li había controlado su temperamento y ya no aborrecía a su suegra. En esos meses, no había tenido ni una discusión con ella, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija. Desesperada, Li-Li fue nuevamente en procura del maestro Huang, para pedirle ayuda y le dijo:
–Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi propia madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di.
El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza:
–Li-Li no tienes por qué preocuparte. Tú suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que te di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que pasaste a darle a ella.
Adaptación de leyenda tradicional china – Autor desconocido
Para disfrutar del buen cine
· TÍTULO EN CASTELLANO |
ORIGEN
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DIRECTOR
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PROTAGONISTAS
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Título Original / Otro Título
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AÑO
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DURACIÓN
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GÉNERO
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CALIFICACIÓN
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Alguien tiene que ceder
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USA
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Nancy Meyers
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J. Nicholson / D. Keaton/ K. Reeves
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Something’s Gotta Giv (Cuando menos los esperas)
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2003
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128 min
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comedia
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atp
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Mis tardes con Margueritte
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francia
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Jean Becker
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G. Depardieu / G. Casadesus
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La tête en friche
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2010
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82 min
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com / dram
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sam 13
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Alguien tiene que ceder. Harry Sanborn (Jack Nicholson) es un solterón adinerado y cascarrabias que sólo sale con mujeres mucho más jóvenes que él. Él y Marin (Amanda Peet), su última conquista, han planeado un romántico fin de semana en la casa de la playa de la madre de ella, Erica Barry (Diane Keaton), una famosa guionista divorciada. Harry sufre un infarto y Erica acepta a regañadientes cuidarlo hasta que se reponga. Harry, asombrado, se da cuenta de que se siente atraído por ella. Pero a Erica también la corteja un joven médico (K. Reeves). Una vez recuperado, Harry a sus viejos hábitos. Sin embargo, la relación con Erica ha alterado su vida y sus sentimientos. Esta deliciosa comedia nos habla de los cambios que pueden suceder en nuestras vidas cuando el amor nos sorprende.
Mis tardes con Margueritte. Germain Chazes (Gérard Depardieu) es un hombre obeso, y simple, que vive en una casa rodante, en el jardín de su recalcitrante madre. Su vida transcurre entre el café y darle de comer a las palomas de la plaza del pueblo. Los demás lo consideran un imbécil, hasta que Margueritte (Gisèle Casadesus), una anciana muy culta, compañera de simpatía por las palomas, le descubre el universo de los libros y las palabras. Desde entonces, su relación con los demás y consigo mismo cambiará sensiblemente; mostrando que lo importante en la vida es la relación que nos une con nuestro prójimo o próximo.
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· CADENA DE FAVORES
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USA
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Mimi Leder
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H. Hunt/ K. Spacey/H. Osment
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Pay it forward
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2000
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124 min
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COMEDIA
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ATP
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· LAS LLAVES DEL REINO
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USA
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John M. Stahl
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Gregory Peck / Vincent Price
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The Keys of the Kingdom
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1944
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147 min
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DRAMA
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SAM 14
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por Luis M. Benavides | 27 Abr, 2016 | Catequesis Artículos
Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios… Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión. Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales.

(Misericordiae Vultus, 1 y 8)
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Jesucristo es el rostro de la misericordia
Escuchamos al Papa Francisco
Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios… Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión. Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales.
Misericordiae Vultus, 1 y 8

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Escuchamos la Palabra de Dios
Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo –¡ustedes han sido salvados gratuitamente!– y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo. Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe. Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.
Carta de san Pablo a los Efesios 2, 4-10
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Un salmo para alabar
A cada estrofa del salmo repetimos:
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?
Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.
Las lágrimas son mi único pan
de día y de noche,
mientras me preguntan sin cesar:
«Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios
De día, el Señor me dará su gracia;
y de noche, cantaré mi alabanza
al Dios de mi vida.
Salmo 42
* * *
Para reflexionar y/o compartir en grupo
- ¿Somos capaces de leer en el corazón de los demás su situación de vida?
- ¿Qué cosas nos impiden acercarnos a los demás? Realizar un listado.
- ¿Qué actitudes nuestras facilitan el encuentro con el otro? Realizar un listado.
- Comparar ambos listados y contrastarlos con el actuar de Jesús.
- ¿Los demás perciben en nosotros el rostro misericordioso de Jesús? ¿De qué manera? ¿En qué ocasiones?
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Intenciones
A cada intención respondemos: : ¡Ayúdanos a ser compasivos y misericordiosos como Jesús!
- Acompaña al Papa Francisco en su misión de anunciar y revelar el misterio del amor, proclamado por Jesús. Oremos…
- Ilumina a la Iglesia para que cada día demuestre, con su actuar, la riqueza del amor, manifestado en Cristo Jesús. Oremos…
- Haz que podamos descubrir en nuestros hermanos el rostro sufriente de Jesús. Oremos…
- Te pedimos que nos ayudes a ser compasivos con nuestros hermanos que sufren, están desamparados y son excluidos de las riquezas de este mundo. Oremos…
- Ayúdanos a enfrentar, con paciencia y fortaleza, el camino de la enfermedad que nos doblega el espíritu y el cuerpo, cuando afecta nuestras vidas. Oremos…
- Enséñanos a ser solidarios con todos nuestros hermanos que están pasando por momentos de dolor; convierte nuestra indiferencia, que es otra cara silenciosa de la violencia. Oremos…
Agregamos nuestras intenciones personales y comunitarias…
Rezamos un Padrenuestro, un Avemaría y el Gloria.
Repetimos con convicción la advocación: ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío!
Oración: Señor del Perdón, que nos enviaste a tu Hijo único, Jesús, para que conozcamos el Camino, la Verdad y la Vida, te pedimos que nunca nos apartemos de la senda que nos conduce a tu divina misericordia. Haz que por sus méritos podamos alcanzar la felicidad y la vida eterna, junto a todos tus hijos en el Reino de los Cielos. A ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Aleluya!
Señal de la Cruz
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Compromiso personal del mes
Este mes de mayo voy a perdonar una deuda que tiene pendiente conmigo tal persona. También podré acoger al forastero ayudar en alguna institución católica que colabora con los inmigrantes u otro compromiso similar.
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Para memorizar y rezar durante el mes
¡María de Guadalupe, ayúdanos a reflejar el rostro misericordioso de Jesús a nuestros hermanos!
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La misericordia en los santos
Beato José Gabriel Brochero, el cura gaucho (1840-1914).
Peor que la lepra… En cierta ocasión un hombre le dijo al cura Brochero, luego de que este visitara a un enfermo de lepra.
-Señor Cura, no se exponga tanto a enfermarse… mire que vale más su vida que la de ese hombre. Ya lo ha confesado, déjelo que muera en paz.
-¡Caray, que habías sido bárbaro! Si la lepra no vale nada… La lepra hedionda es la de adentro, y esa no se pega, esa se lava con la caridad…
Al final de su vida, ya estando ciego y leproso, el cura Brochero decía:
-“Aquí me la paso desgranando rosarios…”
* * *
Un cuento para pensar
El pan de Cristo
Víctor, al cabo de unos meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir, cosa que detestaba profundamente. Una fría tarde de invierno se encontraba en las inmediaciones de un club privado, cuando observó a un hombre y su esposa que entraban al mismo. Víctor le pidió al hombre unas monedas para poder comprarse algo de comer.
–Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio –replicó éste.
La mujer, que oyó la conversación, preguntó: –¿Qué quería ese pobre hombre?
–Dinero para una comida. Dijo que tenía hambre –respondió su marido.
–Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa que no necesitamos y ¡dejar a un hombre hambriento aquí afuera!
– ¡Hoy en día hay un mendigo en cada esquina! Seguro que quiere el dinero para beber alcohol.
– ¡Yo tengo un poco de cambio! Le daré algo –replicó la mujer.
Aunque Víctor estaba de espaldas a ellos, oyó todo lo que dijeron. Avergonzado, quería alejarse corriendo de allí, pero en ese momento oyó la voz amable de la mujer que le decía:
–Aquí tiene unas monedas. Consígase algo de comer. Aunque la situación está difícil, no pierda las esperanzas. En alguna parte hay un empleo para usted. Espero que pronto lo encuentre.
–¡Muchas gracias, señora! Me ha ayudado a recobrar ánimo y a comenzar de nuevo. Jamás olvidaré su gentileza.
–Estará usted comiendo el pan de Cristo. Compártalo –dijo ella con una cálida sonrisa –dirigida más bien a un hombre y no a un mendigo.
El hombre encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día. Comería el pan de Cristo dos días. Víctor sintió como si una descarga eléctrica corría por su interior. ¡El pan de Cristo! En ese preciso instante pensó: “no puedo guardarme el pan de Cristo solamente para mí mismo”. Justo pasaba un anciano. Quizás ese pobre anciano tenga hambre, pensó. Tengo que compartir el pan de Cristo.
–¡Oiga! –exclamó Víctor. ¿Le gustaría entrar y comerse una buena comida? El viejo se dio vuelta y lo miró con descreimiento.
–¿Habla usted en serio, amigo? El hombre no daba crédito a su buena fortuna hasta que se sentó a la mesa, cubierta con un hule y le pusieron delante un plato de guiso caliente. Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel.
–¿Está guardando un poco para mañana? –le preguntó.
–¡No, no…! Es que hay un chico que conozco por donde suelo frecuentar. La ha pasado mal últimamente y estaba llorando cuando lo dejé. Tenía hambre. Le voy a llevar el pan.
¡El pan de Cristo! -recordó nuevamente las palabras de la mujer- y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado en aquella mesa. A lo lejos, las campanas de una iglesia parecían entonar un viejo himno que había aprendido en la escuela dominical cuando era niño. Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a engullírselo. De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado.
–Aquí tienes, perrito. Te doy la mitad –dijo el niño. El pan de Cristo alcanzará también para el hermano cuadrúpedo. El niño había cambiado totalmente de semblante. Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo.
–¡Hasta luego! –dijo Víctor al viejo. En alguna parte hay un empleo para usted. Pronto dará con él. No desespere. ¿Sabe? –Su voz se tornó en un susurro- esto que hemos comido, es el pan de Cristo; una señora me lo dijo, cuando me dio aquellas monedas para comprarlo. ¡El futuro nos deparará algo bueno!
Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna. Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado la dirección del dueño. Víctor recorrió el largo camino hasta la lujosa casa del dueño y llamó a la puerta. Al salir éste y ver que había encontrado a su perro, se puso contentísimo. De golpe, la expresión de su rostro se tornó seria. Estaba por reprocharle a Víctor -que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa- pero no lo hizo. Víctor ostentaba un cierto aire de dignidad que lo detuvo. En cambio dijo:
–En el periódico vespertino de ayer ofrecí una recompensa. ¡Aquí tiene!
Víctor miró el billete medio aturdido. –No puedo aceptarlo –dijo quedamente-. Sólo quería hacerle un bien al perro y a usted.
–¡Téngalo! Para mí, lo que usted hizo vale mucho más que eso. ¿Le interesaría un empleo? Venga a mi oficina mañana. Me hace mucha falta una persona íntegra como usted. Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma. Se titulaba “Parte y comparte el Pan de Cristo…”
Adaptación – Autor desconocido
Para disfrutar del buen cine
| TÍTULO EN CASTELLANO |
ORIGEN
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DIRECTOR
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PROTAGONISTAS
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Título Original / Otro Título
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AÑO
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GÉNERO
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CADENA DE FAVORES
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USA
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Mimi Leder
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H. Hunt/ K. Spacey/H. Osment
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Pay it forward
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2000
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124 min
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COMEDIA
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ATP
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LAS LLAVES DEL REINO
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USA
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John M. Stahl
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Gregory Peck / Vincent Price
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The Keys of the Kingdom
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1944
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147 min
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DRAMA
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SAM 14
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Cadena de favores. Un niño (H. Joel Osment) imagina un curioso sistema para mejorar el mundo; hacer favores desinteresadamente. Su profesor (Kevin Spacey) lo alienta en este cometido y su madre (Helen Hunt) lo va acompañando en su cometido. Para sorpresa de todos, la generosa propuesta causa furor entre la gente. De alguna manera, el film nos está mostrando que cada vez que hacemos algo por los demás, todo alrededor nuestro cambia y nos vamos sintiendo cada día más humanos. Pensando en el mensaje cristiano, las obras de misericordia son el distintivo que debiera caracterizarnos.
Las llaves del Reino. Este clásico del cine nos muestra al Padre Francis Chisholm (Gregory Peck), un misionero de origen escocés que se encuentra trabajando en la China de los años treinta, donde la pobreza extrema y despotismo de sus gobernantes son moneda corriente. El Padre Francis, rodeado de un ambiente hostil a la religión católica, va enfrentándose a las dificultades y logra, a través de su bondad y amor al prójimo, ganarse el corazón de sus parroquianos. La película muestra cómo la misericordia es un lenguaje universal que llega a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.
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· CADENA DE FAVORES
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USA
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Mimi Leder
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H. Hunt/ K. Spacey/H. Osment
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Pay it forward
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2000
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124 min
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COMEDIA
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· LAS LLAVES DEL REINO
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John M. Stahl
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Gregory Peck / Vincent Price
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The Keys of the Kingdom
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1944
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147 min
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DRAMA
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SAM 14
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por Luis M. Benavides | 2 Abr, 2016 | Catequesis Artículos
Nos será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor… La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer…

(Misericordiae Vultus, 20)
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Dios va más allá de la justicia, con la misericordia y el perdón
Escuchamos al Papa Francisco
Nos será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor… La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer… Si Dios se detuviera en la justicia, dejaría de ser Dios; sería como todos los hombres que invocan respeto por la ley. La justicia por sí misma no basta, y la experiencia enseña que apelando solamente a ella se corre el riesgo de destruirla. Por esto, Dios va más allá de la justicia con la misericordia y el perdón. Esto no significa restarle valor a la justicia o hacerla superflua, al contrario. Quien se equivoca deberá expiar la pena. Solo que este no es el fin, sino el inicio de la conversión, porque se experimenta la ternura del perdón. Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está a la base de una verdadera justicia… Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo. La Cruz de Cristo, entonces, es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre el mundo, porque nos ofrece la certeza del amor y de la vida nueva.
Misericordiae Vultus, 20

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Escuchamos la Palabra de Dios
Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos. ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer. Efraím volverá a Egipto y Asiria será su rey, porque rehusaron volver a mí. La espada hará estragos en sus ciudades, destrozará los barrotes de sus puertas y los devorará a causa de sus intrigas. Mi pueblo está aferrado a su apostasía: se los llama hacia lo alto, pero ni uno solo se levanta. ¿Cómo voy a abandonarte, Efraím? ¿Cómo voy a entregarte, Israel? ¿Cómo voy a tratarte como a Admá o a dejarte igual que Seboím? Mi corazón se convulsiona dentro de mí, y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas. No daré curso al furor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque soy Dios, no un hombre; el Santo en medio de ti y no es mi deseo aniquilar…
Oseas 11, 1-9
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Un salmo para alabar
A cada estrofa del salmo repetimos:
¡Qué grandes son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!
Es bueno dar gracias al Señor,
y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;
proclamar tu amor de madrugada,
y tu fidelidad en las vigilias de la noche,
con el arpa de diez cuerdas y la lira,
con música de cítara.
Tú me alegras, Señor, con tus acciones,
cantaré jubiloso por la obra de tus manos.
El hombre insensato no conoce
y el necio no entiende estas cosas.
El justo florecerá como la palmera,
crecerá como los cedros del Líbano:
trasplantado en la Casa del Señor,
florecerá en los atrios de nuestro Dios.
En la vejez seguirá dando frutos,
se mantendrá fresco y frondoso,
para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca,
en quien no existe la maldad.
Salmo 92
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Para reflexionar y/o compartir en grupo
- Pensamos en situaciones en nuestras vidas en las que reclamamos justicia o que percibimos que fueron muy injustos con nosotros. ¿Qué sentimos en dichos momentos? Realizamos una pequeña lista. La compartimos en grupos de a cuatro.
- ¿En qué situaciones consideramos que el perdón sería superador de la justicia? Pensemos ejemplos concretos.
- Compartimos lo que nos sugiere la frase del Papa Francisco: “La justicia de Dios es su perdón”.
- ¿Creemos que es posible compatibilizar justicia con misericordia? ¿De qué manera?
- ¿Qué nos enseñó Jesús al respecto? ¿En qué episodios evangélicos Jesús nos mostró que es posible entender que la misericordia va más allá de la justicia?
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Intenciones
A cada intención respondemos: ¡Señor de la Paciencia, te rogamos que conviertas nuestro corazón de piedra en un corazón sensible!
- Protege al el Papa Francisco y haz que su testimonio valiente de la Misericordia de Dios sirva de unión entre todos los pueblos. Oremos…
- Te pedimos que la misericordia sea la regla de vida de todos los discípulos de Jesús, reunidos en su Iglesia. Oremos…
- Enséñanos a ser justos, pero sobre todo, ayúdanos a ser misericordiosos con nuestros hermanos. Oremos…
- Padre, te suplicamos que salves nuestras almas, liberándolas de todas nuestras limitaciones, para que los frutos de nuestras obras sean manifestaciones de tu amor. Oremos…
- Te pedimos que cambies nuestras decisiones egoístas, nuestra arrogancia, nuestra tristeza y toda huella negativa que se encuentre en nuestro interior. Oremos…
- Te pedimos perdón por todos los aquellos a quienes hemos herido, para que por la intercesión de Jesús Misericordioso, nos ayudes a reconciliarnos con ellos y sanar sus heridas. Oremos…
Agregamos nuestras intenciones personales y comunitarias…
Rezamos un Padrenuestro, un Avemaría y el Gloria.
Repetimos con convicción la advocación: ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío! ¡Jesús, en vos confío!
Oración: : Señor de la Paciencia, por el don de tu gracia, abres las puertas de nuestro corazón, para que podamos experimentar tu consuelo y perdón. Te rogamos que nos ayudes a ser misericordiosos con nuestros hermanos y que, por el don de la fe en Jesús, nos traigas la Salvación. ¡Por tu gran misericordia, perdona nuestras faltas y ayúdanos a vivir conforme a tu Palabra! Te lo pedimos a Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Aleluya!
Señal de la Cruz
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Compromiso personal del mes
Este mes de abril voy a reconciliarme con aquel familiar o amigo que hace tiempo que estoy distanciado. También podré consolar a aquel prójimo que está triste, angustiado o deprimido u otro compromiso similar…
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Para memorizar y rezar durante el mes
¡María de Guadalupe, ayúdanos a ir más allá de la justicia, con la misericordia y el perdón!
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La misericordia en los santos
Santa Teresita del Niño Jesús (1873-1897). Jesús hace dulce hasta lo más amargo.
Cuenta la misma Santa Teresita: “Un día, en la recreación, me dijo con aire muy satisfecho más o menos estas palabras:-¿Querría decirme, hermana Teresa del Niño Jesús, qué es lo que la atrae tanto en mí? Siempre que me mira, la veo sonreír. ¡Ay!, lo que me atraía era Jesús, escondido en el fondo de su alma… Jesús, que hace dulce hasta lo más amargo… Le respondí que sonreía porque me alegraba verla (por supuesto que no añadí que era bajo un punto de vista espiritual).”
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Un cuento para pensar
El herido y el capellán
Cuentan que un capellán, se aproximó a un herido en medio del fragor de la batalla y le preguntó:
–¿Quieres que te lea la Biblia?
–Primero dame agua que tengo sed, dijo el herido.
El capellán le convidó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.
–¿Ahora? –preguntó nuevamente el capellán.
–Primero dame de comer, suplicó el herido.
El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.
–Tengo frío, fue el siguiente clamor, y el hombre de Dios se despojó de su abrigo de campaña, pese al frío que calaba los huesos y cubrió al lesionado.
–Ahora sí –le dijo al capellán. Háblame de ese Dios que te hizo darme tu último sorbo de agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. ¡Quiero conocerlo en su bondad…!
Adaptación – Autor desconocido
Para disfrutar del buen cine
TÍTULO EN CASTELLANO |
ORIGEN
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DIRECTOR
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PROTAGONISTAS
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Título Original / Otro Título
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AÑO
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DURACIÓN
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GÉNERO
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CALIFICACIÓN
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| ROMERO |
USA
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John Duigan
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Richard Jordan / Raul Juliá
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Romero, el santo del pueblo
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1989
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100 min
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Testimonial
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SAM 14
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| Sonata para un hombre bueno |
alemania
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F. Gallenberger
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Ulrich Tukur / Daniel Brühl
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John Rabe
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2009
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134 min
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draM BIOGRAF
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SAM 13
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Romero. Narra la vida de Mons. Oscar Romero (Raul Juliá), arzobispo del Salvador, que se dedicó trabajar por los más pobres, a criticar la desigualdad social y a la defensa de los derechos humanos. Mons. Romero murió asesinado, en el año 1980; precisamente, en el momento que celebraba Misa del Domingo de Ramos, como un signo preclaro de quienes entregan sus vidas a los demás y a la causa del Evangelio.
Sonata para un hombre bueno. Basada en hechos reales, durante la invasión japonesa a China (1937-1938). John Rabe (Ulrich Tukur) era un empresario alemán exitoso radicado en China. Tras la invasión de China, arriesgando su vida, sus posesiones y su prestigio, libró de la muerte a más de 200.000 chinos durante la masacre de Nanking. Su acción decidida en defensa de toda vida humana, nos muestra cómo podemos alcanzar la justicia y el perdón a través de la misericordia.
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