Casimiro de Polonia: santo en la adolescencia

Casimiro de Polonia: santo en la adolescencia

El 4 de marzo celebramos la fiesta del príncipe polaco san Casimiro, cuyo nombre significa «aquel que impone la paz» (de kas, ‘imponer’, y mir, ‘paz’). Nació en 1458 en Cracovia. Era el tercero de los trece hijos de Casimiro IV, rey de Polonia. Muchos santos han salido de familias muy numerosas, y de esta clase de familias llegan a la Iglesia Católica excelentes vocaciones.

Su madre Isabel, hija del emperador de Austria, era una fervorosa católica y se esmeró con toda el alma porque sus hijos fueran también entusiastas practicantes de la religión. Ella en una carta a una amiga hace una formidable lista de las cualidades que debe tener una buena madre, y seguramente que esas cualidades fueron las que practicó con sus propios hijos.

Y además de la educación que le dieron sus padres, Casimiro tuvo la gran suerte de que el rey le consiguió dos maestros que eran buenísimos educadores. El Padre Juan y el profesor Calímaco. El Padre Juan era Polaco y dejó fama de ser muy sabio y muy santo, pero su mayor honor le viene de haber sido el que encaminó a San Casimiro hacia una altísima santidad. El Profesor Calímaco era un gran sabio que había sido secretario del Papa Pío II, y después estuvo 30 años en la corte del rey de Polonia ayudándole en la instrucción de los jóvenes. Calímaco dijo: «Casimiro es un adolescente santo», y el Padre Juan escribió también: «Casimiro es un joven excepcional en cuanto a virtud».

Claro está que no basta con recibir una buena educación de parte de los papás y tener buenos profesores, sino que es necesario que el joven ponga de su parte todo el empeño posible por ser bueno. Pues de los otros doce hermanos de Casimiro, que tuvieron los mismos profesores, ninguno llegó a la santidad, y algunos hasta dieron malos ejemplos. En cambio nuestro santo llegó a unas alturas de virtud que admiraron a los que lo conocieron y lo trataron.

Dicen los biógrafos de San Casimiro que su más grande anhelo y su más fuerte deseo era siempre agradar a Dios. Para eso trataba de dominar su cuerpo, antes de que las pasiones sensuales mancharan su alma. Siendo hijo del rey, sin embargo vestía muy sencillamente, sin ningún lujo. Se mortificaba en el comer, en el beber, en el mirar y en el dormir. Muchas veces dormía sobre el puro suelo y se esforzaba por no tomar licor. Y esto en un palacio real donde las gentes eran bastante inclinadas a una vida fácil y de muchas comodidades y comilonas.

Para Casimiro el centro de su devoción era la Pasión y Muerte de Jesucristo. En aquellos tiempos los maestros espirituales insistían frecuentemente en que para ser fervoroso y crecer en el amor a Dios aprovecha muchísimo el meditar en la Pasión de Jesucristo. Nuestro santo pasaba mucho tiempo meditando en la Agonía de Jesús en el Huerto y en los azotes que padeció, como también en la coronación de espinas y las bofetadas que le dieron a Nuestro Señor. Ratos y ratos se estaba pensando en la subida de Jesús al Calvario y en las cinco heridas del crucificado, y meditando en el amor que llevó a Jesús a sacrificarse por nosotros. Le gustaban los cristos muy sangrantes, y ante un crucifijo se quedaba tiempos y tiempos meditando, suplicando y dando gracias.

Otra gran devoción de Casimiro era la de Jesús Sacramentado. Como durante el día estaba sumamente ocupado ayudando a su padre a gobernar el Reino de Polonia y de Lituania, aprovechaba el descanso y el silencio de las noches para ir a los templos y pasar horas y horas adorando a Jesús en la Santa Hostia.

Sus preferidos eran los pobres. La gente se admiraba de que siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostraba orgulloso o despreciador con ninguno, ni siquiera con los más miserables y antipáticos. Un biógrafo (enviado por el Papa León X a recoger datos acerca de él) afirma que la caridad de Casimiro era casi increíble, un verdadero don del Espíritu Santo. Que el amor tan grande que le tenía a Dios, lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega de todos sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre y de su inteligencia. Que prefería siempre a los más afligidos, a los más pobres, a los extranjeros que no tenían a nadie que los socorriera, y a los enfermos. Que defendía a los miserables y por eso el pueblo lo llamaba «el defensor de los pobres».

Su padre quiso casarlo con la hija del Emperador Federico, pero Casimiro dijo que le había prometido a la Virgen Santísima conservarse en perpetua castidad. Y renunció a tan honroso matrimonio.

Los secretarios y otras personas que vivieron con Casimiro durante varios años estuvieron todos de acuerdo en afirmar que lo más probable es que este santo joven no cometió ni un solo pecado grave en toda su vida. Y esto es tanto más admirable en cuanto que vivía en un ambiente de palacio de gobierno donde generalmente hay mucha relajación de costumbres. La gente se admiraba al ver que un joven de veinte años observaba una conducta tan equilibrada y seria como si ya tuviera sesenta.

A su padre el rey le advertía con todo respeto pero con mucha valentía, las fallas que encontraba en el gobierno, especialmente cuando se cometían injusticias contra los pobres. Y el papa atendía con rapidez a sus peticiones y trataba de poner remedio.

Casimiro llegó lo mismo que San Luis Gonzaga, San Gabriel de la Dolorosa, San Estanislao de Koska, San Juan Berchmans, y Santa Teresita de Jesús, a una gran santidad, en muy pocos años.

Se enfermó de tuberculosis, y el 4 de marzo de 1484, a la corta edad de 26 años, murió santamente dejando en todos los más edificantes recuerdos de bondad y de pureza. Lo sepultaron en Vilma, capital de Lituania.

A los 120 años de enterrado abrieron su sepulcro y encontraron su cuerpo incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Ni siquiera sus vestidos se habían dañado, y eso que el sitio donde lo habían sepultado era muy húmedo.

Sobre su pecho encontraron una poesía a la Sma. Virgen, que él había recitado frecuentemente y que mandó que la colocaran sobre su cadáver cuando lo fueran a enterrar. Esa poesía que él había propagado mucho empieza así:

Cada día alma mía, di a María su alabanza. En sus fiestas la honrarás y su culto extenderás, etc., etc.

Hasta después de muerto quería que en su sepulcro se honrara a la Virgen María a quien le tuvo inmensa devoción durante toda su vida.

San Casimiro trabajó incansablemente por extender la religión católica en Polonia y Lituania, y estas dos naciones han conservado admirablemente su fe católica, y aún en este tiempo cuando las gentes ven que está en peligro su religión, invocan al santo joven que fue tan entusiasta por nuestra religión. Y él demuestra con verdaderos prodigios lo mucho que intercede ante Dios en favor de los que lo invocan con fe.

Los niños y la Liturgia: Esquema básico de una celebración de la palabra

Los niños y la Liturgia: Esquema básico de una celebración de la palabra

Cualquier esquema puede ser útil para una celebración. Aquí sugiero uno que, en mi experiencia, ha resultado apropiado y puede adaptarse con facilidad a cualquier tipo de celebración.

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Esquema básico de una celebración de la palabra

  • Ambientación: se ubica a los niños y participantes y se les da la bienvenida. Se les recuerda lo que se va a celebrar y con qué fin están reunidos. Si los niños entran en procesión habrá que esperar a que estén colocados.
  • Canto de entrada: relacionado con el contenido de lo que se celebra.
  • Ritos iniciales: señal de la cruz, pedir perdón por las faltas cometidas, etc.
  • Proclamación de la Palabra de Dios: de manera digna y clara se proclama la Palabra. Se debe elegir una sola lectura, breve; no necesariamente del Evangelio. Si lo es, previamente se canta el aleluya. Los niños pueden permanecer sentados respetuosamente.
  • Explicación de la Palabra: muy breve, sencilla y adaptada al nivel de los niños.
  • Tiempo para la oración personal: es el momento de rezar, de hacer silencio y recogerse interiormente para hablar con Dios.
  • Signos, gestos, símbolos, posturas, ritos…: en este momento los niños realizarán el signo o gesto elegido: ofrenda de regalos preparados para Dios, entrega de flores a la Virgen, escenificar un pasaje evangélico, besar una imagen procesionalmente, bailar en torno a una imagen, etc. Mientras tanto, se puede acompañar el signo con una canción relacionada con lo que está sucediendo.
  • Compromiso personal y de grupo: muchas veces va incluido en el paso anterior; otras se puede expresar en voz alta, comprometiéndose delante de la comunidad.
  • Ritos finales o de despedida: saludo, bendición final (aunque seamos simples laicos, sin rango de ministros, podemos invitar a la asamblea a acoger la bendición de Dios con la siguiente fórmula o alguna parecida: «Que a todos nos bendiga Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.»
  • Canto de salida: la canción final conviene que tenga aires de fiesta y marcado ritmo.


Evaluación de la celebración

Después de cada celebración, es conveniente que los catequistas hagan su propia evaluación de la misma, siguiendo esta guía u otra similar:

  1. ¿Se ha cumplido el objetivo de la celebración?
  2. ¿Qué ha sido lo mejor? ¿Qué ha fallado?
  3. ¿Se ha destacado la Palabra de Dios como parte fundamental?
  4. ¿Ha habido clima de oración?
  5. ¿Han participaron los niños? ¿En qué se ha notado?
  6. ¿Se ha logrado el clima de fiesta?
  7. ¿El ambiente y los materiales han sido los apropiados?
  8. ¿Se ha dado unidad entre la Palabra de Dios, los cantos, los gestos, las oraciones y el compromiso?

Cuando la comunidad o grupo que preparó la celebración, las va realizando con cierta regularidad, va adquiriendo un entrenamiento y ritmo en la realización de las mismas, de manera que todo va surgiendo o fluyendo naturalmente. Lo ideal sería ir jalonando de Celebraciones de la Palabra, a lo largo de todo el itinerario catequístico, de modo que formen parte esencial y constitutiva del mismo, con un gran beneficio para la vida de fe de grandes y chicos.


(De la Serie «Los niños y la Liturgia», columna 9.ª)

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La Biblia más infantil: Esaú y Jacob

La Biblia más infantil: Esaú y Jacob

Isaac se casó con Rebeca y tuvo dos hijos, Esaú y Jacob, que eran gemelos. Esaú presumía porque había nacido antes. Además era muy caprichoso. Un día que venía del campo con mucha hambre, vio a Jacob con un plato de lentejas y le dijo: «Te lo cambio por mis derechos de hijo mayor». Y así fue.


«Señor, que no te cambie por nada del mundo»

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Esaú se va de cazaEsaú se va de caza

Estando un día Isaac con su hijo Esaú, le dijo: «Vete a cazar y prepárame comida. Quiero tomarla contigo y bendecirte antes de morir, pues ya soy anciano». Sabiendo Rebeca que Esaú había cambiado sus derechos de hijo mayor con Jacob, le dijo a éste: «Ponte las ropas de tu hermano y llévale este guiso a tu padre». Como Isaac no veía bien, no se dio cuenta del cambio, y le dio la bendición de hijo mayor a Jacob.


Jacob y el ganado

Jacob y el ganadoJacob se fue a trabajar con su tío Labán que era pastor. Allí conoció a su prima Raquel con quien se casó. Una noche Dios le dijo: «Jacob, yo soy el Dios de tu padre Isaac y de Abraham. Desde ahora te llamarás Israel. Vivirás en esta tierra con toda tu familia y yo estaré siempre contigo». Jacob tuvo doce hijos. Cada uno formará un pueblo o tribu, que serán las doce tribus de Israel.



«Tú eres el Dios de nuestros padres»

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 24 a 26

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez

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El noviazgo hoy: ¿Pasatiempo o relación con sentido?

El noviazgo hoy: ¿Pasatiempo o relación con sentido?

Os invito a que reflexionemos un poco sobre algo muy importante: las relaciones de noviazgo, especialmente en el núcleo fundamental que las anima, así como las dificultades por las que estas pueden pasar.

¿Para qué una relación de noviazgo?

Desde un punto de vista cristiano, una relación de noviazgo se lleva con miras al matrimonio. Es decir, que al matrimonio antecede siempre una relación que ayude a madurar esta elección de vida. Pero, ¿será este el pensamiento de los jóvenes de hoy? Es claro que en la mayoría de los casos la respuesta será negativa, pues muchos jóvenes no tienen clara la razón de ser del noviazgo, ya que se piensa que una relación de este tipo es para pasarla a gusto, para tener intimidad con alguien, etcétera. Incluso, habrá muchos que ni siquiera establezcan una relación formal de noviazgo, pues los «amigos con derechos» las vienen a suplir.

Los padres de familia y el noviazgo de sus hijos

Por otra parte, es importante que también los padres de familia tengan claro el objetivo del noviazgo, de lo contrario no tendrán fundamentos para orientar a sus hijos al momento en que éstos comiencen -en ocasiones prematuramente- a tener experiencias de «noviazgo» si se les puede llamar así.

¿Por qué es importante esto? Porque si el noviazgo se lleva con la intención de llegar al matrimonio, los jóvenes habrán de postergar esta etapa de su vida para cuando hayan alcanzado la madurez y estén preparados para una opción definitiva. Mientras tanto, habrá que insistir en que vivan su adolescencia-juventud inmersos en su preparación académico-profesional, buscando madurar su afectividad con relaciones de amistad que les posibiliten un sano desarrollo psicoafectivo.

Los beneficios de un noviazgo maduro

Esto les traería considerables beneficios. Uno, y que me parece muy importante, se evitarían embarazos no deseados, pues muchos de estos embarazos se dan en adolescentes, como consecuencia de relaciones prematuras. Otro beneficio sería que los jóvenes podrían adentrarse más de lleno en su formación, tendrían oportunidad de conocer más gente, de convivir mayor tiempo con la familia, etcétera; pues el noviazgo puede absorber mucho tiempo, y en ocasiones, provocar desgaste emocional, sobre todo cuando se da en condiciones de inmadurez.

Propuesta nada fácil

Una solución aparentemente sencilla, pero difícil, sobre todo si pensamos en cómo nuestros jóvenes están inmersos en un mundo que estimula el eros, la pulsión sexual; que por todos lados son bombardeados con información sexual, pero no con auténtica formación; nuestros gobiernos y ciertas instituciones se han dedicado a repartir condones en lugar de orientar hacia una sexualidad más madura y de verdad responsable. Y si a esto agregamos la tremenda desintegración familiar, las cada vez más numerosas familias disfuncionales y la poca formación en valores morales y religiosos vividos en familia; tenemos como resultado a jóvenes muy vulnerables, débiles espiritual y psicológicamente, incapaces aún para poder afrontar la vida con entereza.

¿Qué hacer? Apostar por la familia

Hay que seguir apostando por el fortalecimiento de la institución familiar como célula que estructura la vida de la sociedad (Cf. Familiaris consortio, n. 42). Si la familia está dañada, es como un cáncer que poco a poco corroerá el tejido social. La familia es el espacio donde se vive el amor en distintas dimensiones: entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos. Y es el amor incondicional que se vive al interior de la familia lo que origina seres humanos plenos, maduros, aptos para ser portadores de amor auténtico.

Por otra parte, las familias han de abrirse a Aquél en quien tiene origen el amor: Dios, que quiere que lo incluyamos en la aventura de ser familia. La vida familiar se enriquece desde la fe en los momentos de gozo celebrativo como en los inevitables momentos difíciles. Los valores que emergen del Evangelio consolidan la madurez personal y familiar para poder enfrentar la vida con entereza y alegría, y la familia está llamada a ser la primer educadora en la fe (Cf. Familiaris consortio, nn. 36-38).

Quien surge de una familia integrada e íntegra, puede vivir un noviazgo con sentido, con madurez. Y si nuestra matriz familiar no es lo positivo que quisiéramos, nunca es tarde para sanar y madurar, y aún el noviazgo puede ser una oportunidad para ello, siempre y cuando se viva éste como espacio de crecimiento humano-espiritual en el que se dé respeto mutuo en diálogo franco y comprensivo, y el imprescindible amor incondicional que nos alimenta y sana.

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La senda de Fray Junípero

Publicación mensual de formación e información católica

‘Quo vadis?’: evangelización y martirio

‘Quo vadis?’: evangelización y martirio

La vida de las primeras comunidades cristianas ha sido tema tratado por los guiones cinematográficos desde casi sus orígenes. La mayoría estaban basados en grandes relatos literarios que, además de tener interés religioso o histórico, sino que transmitían valores positivos del ser humano, incluso heroicos, y mostraban ejemplos vivos de virtud en sus personajes y sus historias.

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Una de estas grandes historias es la que narra la novela Quo Vadis? (1896), del Nobel polaco Henryk Sienkiewicz. El título de la obra está en latín y se refiere a las palabras Quo vadis, Dómine? (‘¿A dónde vas, Señor?’) que, según la tradición, fueron pronunciadas por el apóstol Pedro mientras huía de Roma para ponerse a salvo de la persecución de los cristianos que había ordenado el emperador Nerón. Cuando salía de la ciudad vio una figura conocida… es Jesús: a Él le realiza esa pregunta, a la que el Señor responde: «Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonan». Avergonzado de su cobardía, Pedro regresa a Roma para afrontar su destino: el martirio.

Para encuadrar la historia el argumento desarrolla ampliamente el tema de la relación entre paganos y cristianos, centrado en la relación amorosa entre un tribuno, Marco Vinicio, y una joven cristiana, Ligia. Esta relación enfrenta dos extremos en estilo de vida: la de Ligia centrada en Cristo; la de Marco, en él mismo. Los ardides del tribuno llevan a Ligia al palacio imperial, junto a Nerón y Popea, Petronio y Séneca… allí contempla la locura del Emperador y la corrupción de quienes lo apoyan.

Nerón, loco de poder, incendia Roma… no contaba con los romanos. La pequeña comunidad cristiana, sita en el Transtévere, queda destruida y, para más dolor, termina siendo responsabilizada por el incendiario imperial de la destrucción de la ciudad.

Pedro y Pablo, los dos apóstoles, están con su grey… los cristianos están tranquilos. Son acusados de impiedad y de crímenes horribles. Todo aquel que no logra huir es martirizado en el circo frente a las fieras, crucificado o como antorcha humana en los elegantes jardines de Séneca. Marco comienza a entender a Ligia… ¿Qué tiene Cristo y que los dioses romanos nunca han poseído para que un hombre cuerdo de su vida por Él con alegría? No solo las palabras evangelizan… también los mártires.

Enlace legal a la novela en polaco.

Quo vadis?La novela ha sido llevada a la gran pantalla en numerosas ocasiones (1912, 1924, 1951, 1985 y 2001), pero la versión más impresionante fue la dirigida por Melvin LeRoy en 1951, en EE UU, con Robert Taylor como Marco Vinicio, Deborah Kerr como Ligia y Peter Ustinov en el papel de Nerón. En ella queda magníficamente retratada en imágenes la vida de una joven cristiana y su comunidad en los primeros años del cristianismo, una época en la que ser cristiano implicaba ser heroico por la fe hasta el martirio.

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Quo vadis? – Versión de 1951

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Quo vadis? – Versión de 1912

Quo vadis? – Versión de 2001

Los niños y la Liturgia: La preparación de la celebración

Los niños y la Liturgia: La preparación de la celebración

«Cada una de las celebraciones eucarísticas de los niños prepárese con cuidado y en especial de una manera particular las oraciones, los cantos, las lecturas, las intenciones de la oración de los fieles, tomando para dicha participación el parecer de los adultos y los niños que ejercen algún ministerio particular en estas Misas. Para preparar y adornar el lugar de la celebración así como para la preparación del cáliz con la patena y las vinajeras, en cuanto se pueda, dese lugar a algunos niños. Salvar siempre la debida preparación interior, también tales acciones ayudan a despertar el sentido comunitario de la Celebración…»

Sagrada Congregación para el Culto Divino: Directorio Litúrgico para las misas con participación de niños, n.º 29

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Para que una celebración tenga posibilidades de llegar a buen término es necesario tomarse un tiempo importante para pensarla, para prepararla bien. Cuanto más se piense antes y uno se anticipe a las situaciones, seguramente mayor probabilidades de que salga bien tendremos. Sobre todo si dicha preparación por parte de los adultos se hace en familia o en equipo, entre todos, siempre hay menos riesgo de equivocarnos.

Podemos hablar de dos momentos: la preparación remota y la preparación inmediata.


La preparación anterior o remota

El éxito de una celebración depende muchas veces de una buena preparación. No puede ser resultado del azar o de la improvisación. Hay que escribirla, pensarla con tiempo; y lo más importante, hay que rezarla delante de Dios.

Habrá que determinar los siguientes puntos:

  1. ¿Qué objetivo nos proponemos con la misma? ¿Qué queremos celebrar? ¿Cuándo y en qué lugar se va a realizar y si está disponible en ese momento?
  2. ¿Es necesario distribuir funciones? ¿Qué cantos se van a elegir? ¿Cuál será la Palabra de Dios? ¿Qué materiales serán necesarios?
  3. ¿Qué van a hacer los niños antes y durante la celebración? ¿Cómo se ubicarán? ¿Cuál va a ser el gesto por destacar? ¿Tienen que llevar algo preparado? ¿Van a participar otras personas? ¿Hay que invitarlas? ¿Cómo? ¿Qué papel desempeñarán?
  4. ¿Qué elementos pueden jugar en contra? ¿Están previstas las posibles dificultades?

En síntesis, hay que prever el qué, quién, cuándo, dónde, cómo y el porqué de la celebración. Es aconsejable dejar por escrito el esquema y los responsables, las necesidades y cada etapa de la celebración.


Preparación previa o inmediata

El mismo día de la celebración, en algún momento previo, siempre es importante preparar todo cuidadosamente.

Habrá que prever:

  1. Explicarle a los niños qué van a hacer, ensayar las canciones, las dramatizaciones, etc.
  2. Fijarse si están todos los elementos dispuestos y preparados el lugar, por ejemplo: almohadones, Biblia, velas, fósforos o encendedores, floreros, etc.
  3. Probar todos los materiales por utilizar: proyector, pantalla, reproductor de música, alargadores, etc. No es la primera ni la última vez, que una celebración no se puede realizar por culpa de un enchufe o adaptador.
  4. Avisar a otros grupos o personas presentes que se va a realizar una celebración a tal hora y en tal lugar, de manera de evitar superposiciones o interrupciones innecesarias.

Pero, sobre todo, lo que importa al preparar una Celebración de la Palabra es poder situarse en la mentalidad de los niños y vislumbrar qué signos y gestos tendrán un mejor poder convocante para despertar el gusto en los niños de participar en la liturgia. Qué tema y qué Palabra de Dios calará más profundamente en el momento que están viviendo, en los interrogantes vitales que tienen los niños y niñas de esa edad.

Lo esencial es que el grupo o persona que la prepara deberá ponerla en oración. No olvidemos que siempre que tengamos que hablar con los niños de Dios, primero tenemos que hablar con Dios de los niños.


(De la Serie «Los niños y la Liturgia», columna 8.ª)

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Catequesis en camino – Sitio web de Luis María Benavides


El viaje del demonio

El viaje del demonio

Camino de la ciudad, andaba enteramente solo un viajero. Era a la puesta del sol.

El rostro del viajero era siniestro; bajo sus espesas cejas erizadas, brillaban sus ojos cual si fueran ascuas. Horrible sonrisa se dibujaba en sus labios; y, centelleantes, como briznas de acero enrojecidas al horno, tenía erizados sus cabellos.

De las arrugas de su cráneo manaba un sudor infecto, cuyas gotas corrían el suelo como la mordedura de un ácido.

A su paso temblaba la tierra y producía extraños ruidos; las aves interrumpían sus cantos y ocultaban a sus pequeñuelos bajo sus alas; los árboles gemían como en los días en que el viento ruge de cólera, y la hierba, en el espacio en que era cubierta por la sombra del caminante, quedaba negra como si hubiera sido quemada por una lluvia de carbones encendidos.

Cuando, al pasar junto a una fuente, el viajero hundió en ella la extremidad de su bastón, el agua se puso a hervir de pronto; se vio subir por el aire una espesa niebla y el líquido quedó turbio como el fango de un pantano.

Mientras caminaba, cantaba el viajero una canción de aire desconocido, siniestro, capaz de infundir pavor a los hombres más valientes; esta impía canción asustó a los ecos, y no se atrevieron a repetirla.

Caminaba asomándose a todas las ventanas de las casas en que, dormidos o despiertos, había seres humanos; y a medida que se asomaba, salía de su boca como un humo espeso que, atravesando las paredes penetraban en el alma de los que allí estaban y daba a su fisonomía un no sé qué extraño y aterrador.

Mas en las casas en donde, ello no obstante, nada parecía haber cambiado, se oían sonidos apenas articulados que parecían blasfemias.

Luego se enderazaba el caminante rechinando los dientes, y continuaba su camino, sin dejar de visitar ninguna casa.

Mas he aquí que a veces se detenía temblando, y luego retrocedía espantado… Es que había visto en la cuna del niño, o a la cabecera de una piadosa madre, Un crucifijo. Sus odiosos rasgos se contraían un instante, luego continuaba su camino, yendo siempre de casa en casa.

Terminado su viaje, se sentó a la puerta de la ciudad, prorrumpió en una aguda carcajada y murmuró: Mi amo estará satisfecho.

Este viajero era un emisario del infierno, que tenía por misión sembrar el pecado.

Noticias Cristianas: «Historias para amar a Dios n.º 5»
en Historias para amar, pp. 14-15.


San Raimundo de Peñafort, con recursos audiovisuales

San Raimundo de Peñafort, con recursos audiovisuales

Nunca es tarde para responder al llamado del Señor. ¡Raimundo respondió a los 40 años! y Dios le compensó su entrega, concediéndole servir a la Iglesia hasta que cumplió los 100 años. Así a veces son los caminos del Señor.

Nació el año 1175, en Peñafort, cerca de Barcelona, España. Tenía una inteligencia extraordinaria y a los 20 años ya es profesor de filosofía en Barcelona y a los 30, se doctora y enseña en la famosa Universidad de Bolognia en Italia. El testimonio de los dominicos, Orden recientemente fundada por Santo Domingo de Guzmán, le cuestiona y decide desprenderse de todo y formar parte de estos frailes predicadores.

 

Raimundo estaba turbado en su interior. ¡Cuanto se había vanagloriado por su inteligencia! Pide por ello a sus nuevos hermanos que le asignaran los cargos más humildes de la comunidad. Pero el Plan de Dios era otro para él. Le piden investigue como podían responder los confesores a los casos más difíciles de moral. Raimundo se pone a trabajar en este proyecto cuyo resultado es el famoso libro: «Summa de casibus paenitentialibus», la primera obra de su género.

Paralelamente a su trabajo intelectual se dedica a la predicación, la catequesis y a la confesión. Recorre las provincias españolas de Aragón, Castilla y Cataluña, logrando una gran cantidad de conversiones.

En 1230 el Papa Gregorio IX llama a Raimundo a Roma y le pide que sea su confesor. Además, conocedor de sus dotes intelectuales, le pide que reúna todos los decretos dados por los Papas y los Concilios. Esta segunda misión la completa el santo en tres años de intensa investigación, al cabo de los cuáles, publicó su famosísimo libro de 5 volúmenes titulado Decretales, que sirvió a los canonistas durante cerca de 800 años, pues recién en 1917 se publica un nuevo Código de Derecho Canónico.

Cuando tenía 60 años, el Papa lo nombra obispo de Tarragona a pesar suyo. Al poco tiempo enferma y el Papa lo liberó del cargo a condición de que Raimundo propusiera un buen candidato. Cómo era común en esos tiempos, los médicos le recomiendan volver a su tierra para recuperar la salud. Allí, recuperado de su enfermedad, es muy solicitado por los reyes y el Papa, quienes le consultan sobre diversos asuntos.

Muerto el segundo superior general de los Dominicos, San Jordán de Sajonia, el capítulo general lo elige general de la Orden, otra vez a pesar suyo. Visita a pie muchos conventos dominicos y ayuda a definir las Constituciones de su comunidad, a la que sirve por dos años más como general, pues aduce que su edad ya no le permite cumplir ducha función de servicio.

Preocupado por la evangelización de los musulmanes, que aún eran fuertes en su natal España y de los judíos; pide a Santo Tomás de Aquino (dominico también) que escribiera la Summa contra Gentiles y consiguió que se enseñara árabe y hebreo en varios conventos de su Orden. Fundó un convento en Túnez y otro en Murcia, contribuyendo a la impresionante conversión de más de 10.000 musulmanes.

San Raimundo murió en Barcelona el 6 de enero de 1275, a los 100 años de edad, rodeado por el cariño de sus hijos y el reconocimiento de la gente que lo aclamó como santo. Fue canonizado en 1601.

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Enlaces a diversas biografías de san Raimundo

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Recursos audiovisuales

San Raimundo de Peñafort, en apostleshipofprayer.org (inglés)

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San Raimundo de Peñafort, en Comunidade Católica El Shaddai (portugués)

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San Raimundo de Peñafort, por Encarni Llamas en DiócesisTV (español)

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