Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Corona de Adviento

Esta celebración que presentamos está indicada para realizar durante el tiempo de Adviento.
Puede llevarse a cabo tanto en la iglesia como en una sala adecuadamente organizada.

Preparativos

Una mesa amplia con un atril preparados con sentido festivo (el atril es para colocar más tarde la Biblia sobre él; y la mesa es para colocar sobre ella la Corona de Adviento). 

Hay que adornar previamente el lugar y procurar que haya suficientes velas pequeñas para todos los asistentes. De igual modo, hay que preparar copias suficientes con los textos de la celebración para todos los participantes. 

El lugar litúrgico al inicio debe estar con escasa luz. Al encender la vela de la Corona de Adviento, se encenderán todas las luces. Entonces, colocar un cirio encendido (más grande que los demás) junto a la Biblia del atril.

Cada participante (niña o niño) deberá tener un ejemplar de la Biblia o de los Evangelios.

 

(más…)

Experiencias de una madre en la preparación del Adviento y la Navidad

Experiencias de una madre en la preparación del Adviento y la Navidad

En estos tiempos del Adviento y la Navidad es importante recuperar el sentido de lo que hacemos o vemos, porque estamos hartos de ver coronas, nacimientos o árboles de Navidad como algo simplemente decorativo. Seguro que se pueden recuperar otros tantos signos y tradiciones. 

En mi familia dedicamos gran parte del Adviento a montar el Belén en casa. Colaboramos todos, y cada uno aporta lo mejor de sí mismo. Es como algo que les va atrayendo cada vez más, a fuerza de poner empeño. ¿ Que cómo hemos conseguido que tengan interés por montar el Nacimiento? Hemos ido incorporando algunas tradiciones que realmente les cautivan.

Una de ellas es que desde pequeños les hemos procurado llevar a ver nacimientos en Madrid, que es donde vivimos, y también fuera de Madrid; en Ocaña (Toledo) hay uno ¡que es estupendo!

Vista general de nuestro belén

Vista general de nuestro belén

Para la elaboración del nacimiento realizamos diversas excursiones, que reúnen a todos: una salida al campo toda la familia para recoger hierbas, musgo, piedras, arbustos…. cualquier cosa es susceptible de convertirse en un elemento de nuestro nacimiento. Los más pequeños se apasionan por encontrar algo que pueda ser útil, y se les despierta la imaginación. Con esa excusa, toda la familia pasa un día junta en el campo.

Hay aún otra salida, no menos apasionante, que es la compra, cada año, de algo nuevo para el nacimiento. El ver los adornos en la plaza, hacerse uno más con la gente, conocer el Madrid antiguo, elegir aquello que va a formar parte nuestra, como pueda ser una lavandera, una oveja o un cerdito, me parece una de las cosas más entrañables de nuestra preparación del belén.

El Misterio y sus aledaños

El Misterio y sus aledaños

Para poner el nacimiento, hay que preparar la casa, renunciar a una parte nuestra para plantar el belén en el centro, a pesar de los inconvenientes. Exige un trabajo extra sacar toda la parafernalia que ocupa. De ello da constancia el papá y los más mayores, a la hora de subir del trastero todas la cajas. La ilusión que produce en los pequeños ir descubriendo el contenido de cada una de ellas, un año más, compensa todos nuestros esfuerzos.

Después viene la puesta en escena. Surge entre todos una tormenta de ideas que raya en lo contencioso, hasta que… milagrosamente, cada elemento va ocupando su lugar; fruto del espíritu, ¡claro está!, porque quedan en evidencia nuestras disensiones. Pero al final, el portal está donde tenía que estar y así también el castillo de Herodes, la posada, la Anunciación de los pastores, etc.

Anunciación y posada

Anunciación y posada

Pasada la fase técnica, le sigue la más artística, de pequeños elementos decorativos como el musgo, el serrín… Todos los hierbajos que cogimos en el campo, encuentran ahora su utilidad. Los pequeños son, ahora, los auténticos protagonistas. En esta etapa, es claro, que tampoco están ausentes las disensiones, pero cada uno encuentra su espacio donde volcar su creatividad.

Hay algo que les suscita mucho interés, y es la competencia con otras familias conocidas que ponen el belén. El año pasado, y valga como ejemplo, una familia de nuestra comunidad entró en el colegio El Prado por primer año, se presentó al concurso de belenes y ganó el primer premio; puede imaginarse que, este año, no estamos dispuestos a que nos ganen, y para ello hemos ido a tomar unas clases a casa de una amiga que es experta en belenes, porque ¡está en juego nuestro orgullo!

Panadería y carpintería

Panadería y carpintería

Por último, la Nochebuena: antes de cenar con los abuelos, primos y tíos que vienen a casa, en torno al Belén leemos el pasaje del Evangelio que narra el nacimiento de Jesús extensamente, y los niños van identificando en el Belén todas las escenas posibles. Esto les encanta. Acabamos cantando todos con las panderetas y guitarras un montón de villancicos al estilo más tradicional.

Habría más que podría contar, pero con esto, se puede hacer una idea de lo que da de sí la tradición en familia de montar el Belén en casa. Y, con todo, somos unos inexpertos, pero, eso sí: lo hemos pasado fenomenal con nuestros hijos y creemos que siempre lo recordarán y lo seguirán haciendo con sus propias familias, porque nosotros lo aprendimos a su vez de nuestros padres.

Fuera del hogar, también tiene interés el sentido que pueden tener los nacimientos en nuestra vida parroquial. Un año tuvimos una experiencia muy buena que fue reunirnos las familias que teníamos niños pequeños con la catequista de preparación de primera comunión, y en torno al belén darles una catequesis a todos juntos. Fue muy bonito.

Presentación en el Templo

Presentación en el Templo

Algo que centra mucho a los niños en la parroquia, y que también nosotros hemos cultivado en casa, es la preparación de una representación teatral de la Navidad. Se pasan todo el Adviento yendo a ensayar la obra los sábados y la disputa cada año entre las niñas es quién va a hacer el papel de Virgen. Es un éxito. En nuestra parroquia ha ido siempre gente que no tenía nada que ver con ella, porque los niños atraen. También la preparación de la visita de los Reyes Magos a la parroquia puede ocupar parte del Adviento.

En nuestro caso, la preparación del Adviento en la familia y en la parroquia están muy imbricadas.

*  *  *

Oraciones para el Adviento

Oraciones para el Adviento

La Navidad es algo más: nosotros vamos por este camino para encontrar al Señor. ¡La Navidad es un encuentro! Y caminamos para encontrarlo: encontrarlo con el corazón, con la vida; encontrarlo viviente, como es Él; encontrarlo con fe. Y no es fácil vivir con la fe. El Señor, en la palabra que hemos escuchado, se maravilló de este centurión: se maravilló de la fe que él tenía. Había emprendido un camino para encontrar al Señor, pero lo había hecho con fe. Por esto no solamente él ha encontrado al Señor, sino que ha sentido la alegría de ser encontrado por el Señor. Y este es precisamente el encuentro que queremos: ¡el encuentro de la fe! […]

Cuando solamente somos nosotros los que encontramos al Señor, somos nosotros — entre comillas, digámoslo — los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él que entra dentro de nosotros, es Él que renueva todo, porque ésta es la venida, aquello que significa cuando viene Cristo: renovar todo, renovar el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. ¡Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y principalmente para dejarnos encontrar por Él! […]

¡Corazón abierto, para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiera decirme, que no siempre es aquello que yo quiero que me diga! Él es el Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como a una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno en la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es amor concreto! De persona a persona: El Señor, persona, me mira a mí, persona. Dejarse encontrar por el Señor es justamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! […]

En la oración al inicio de la misa hemos pedido la gracia de hacer este camino con algunas actitudes que nos ayuden. La perseverancia en la oración: rezar más. La laboriosidad en la caridad fraterna: acercarnos un poco más a quienes tienen necesidad. Y la alegría en la alabanza al Señor […].

Comenzamos este camino con la oración, la caridad y la alabanza, a corazón abierto, para que el Señor nos encuentre.

SS Francisco, Extracto de la Homilía en Santa Marta del 2 de diciembre de 2013.

* * *

 

Colección de oraciones para el Adviento

I. La creación de la felicidad

1. Tu alegría insobornable

2. Ven, Señor, a salvarnos

3. Diez razones para la alegría

4. La alegría y la paz de Dios

II. El Adviento es soñador

1. El sueño

2. ¡Ven! ¡Ven! ¡Ven!

3. Rebosar de amor

4. En Dios pongo mi esperanza y confío en su palabra

5. Señor, enséñame tus caminos (Sal 24)

6. Oración

III. El simbolismo de Juan Bautista

1. Allanad los caminos

2. Súplica a favor del testigo (Sal 71)

3. Para anunciar el Adviento

4. A tientas

5. Sensibilidad para apreciar los valores

 

* * *

 

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén (So 3, 14)

* * *

 

La creación de la felicidad

En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y a la mujer. Y planearon hacerlo a su imagen y semejanza. Entonces uno de ellos dijo:

—Esperen; si vamos a hacerlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, y una fuerza y una inteligencia iguales a las nuestras. Debemos pensar en algo que los diferencia de nosotros; de lo contrario, estaríamos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo; pero ¿qué les quitamos?

Después de mucho pensar, uno de ellos dijo: —¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. Aunque el problema va a ser dónde la escondemos para que no la encuentren jamás…

Propuso el primero: —Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

A lo que inmediatamente repuso el segundo: — No, recuerda que les dimos fuerza; alguna vez alguien subirá y la encontrará; y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está…

Luego propuso otro: — Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Y otro replicó: — No, recuerda que les dimos inteligencia. Alguna vez alguien construirá una esquina por la que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.

Otro más dijo: — Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.

Y le dijeron: — No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que puedan viajar a otros planetas, y la descubrirán; y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.

Y el último de ellos era un dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses. Tras analizar en silencio cada una de ellas, rompió el silencio y dijo: —Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.

Todos se sorprendieron y preguntaron al unísono: — ¿Dónde?

— La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola fuera que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así. El ser humano pasa su vida buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.

José Carlos Bermejo: Regálame la salud de un cuento

* * *

 

Tu alegría insobornable

Concédenos, Señor, tu alegría insobornable.
La diversión tiene precio y propaganda,
y sus mercaderes son expertos.
Se alquila la evasión fugaz
con sus rutas exóticas y vanas.
Se bebe el gozo con tarjetas de crédito
y se estruja como un vaso desechable.
Pero tu alegría no tiene precio,
ni podemos seducirla.
Es un don para ser acogido y regalado.

Concédenos, Señor, tu alegría sorprendente.
Más unida al perdón recibido
que a la perfección farisaica de las leyes.
Encontrada en la persecución por el Reino
más que en el aplauso de los jefes.
Crece al compartir lo mío con las otras
y se muere al acumular lo de los otros como mío.
Se ahonda al servir a los criados de la historia
más que ser servidos como maestros y señores.
Se multiplica al bajar con Jesús al abismo humano,
se diluye al trepar sobre cuerpos despojados.
Se renueva al apostar por el futuro inédito,
se agota al acaparar las cosechas del pasado.
Tu alegría es humilde y paciente
y camina de la mano de los pobres.

Concédenos, Señor, la “perfecta alegría”.
La que mana como una resurrección fresca
entre escombros de proyectos fracasados.
La que no logra desalojar de los pobres
ni la cárcel de los sistemas sociales
ni los edictos arbitrarios de los amos.
La decepción más honda y golpeada
no puede blindarnos para siempre
contra su iniciativa inagotable.
Tu alegría es perseguida y golpeada
pero es inmortal desde tu Pascua.

Concédenos, Señor, la sencilla alegría.
La que es hermanas de las cosas pequeñas,
de los encuentros cotidianos y de las rutinas necesarias.
La que se mueve libre entre los grandes,
sin uniforme ni gestos entrenados, como brisa sin amo ni codicia.
Tu alegría es confiada y veraz,
ve la más pequeña criatura amada por ti,
con un puesto en tu corazón y tu proyecto.

Benjamín González Buelta, SJ

* * *

 

Ven, Señor, a salvarnos

Necesitamos, sí, tu salvación,
porque sólo un Dios puede salvarnos.
El progreso científico-técnico nos enriquece,
pero nada más.
El consumo nos engorda, pero nos deja vacíos.
Los sabios y los líderes nos asombran,
pero no nos cambian.
Los artistas y los famosos nos entretienen,
también nos aburren.
No son nuestros salvadores.
Y tampoco nos salvan los políticos,
los militares, banqueros y periodistas,
los tecnócratas y deportistas,
y tampoco los maestros o gurúes o los eclesiásticos.

Sólo un Dios puede salvarnos:
de la tristeza, des desencanto, del desamor.
Sólo un Dios puede salvar al mundo
de sus cegueras y sus crueldades,
de sus cadenas y sus miserias,
de todas sus profundas llagas.
¡Ven, Señor, a salvarnos!

Salva a los oprimidos que esperan justicia,
a los hambrientos que sueñan con el pan,
a los cautivos que no ven el día de su libertad.
Ven, Señor, a abrir los ojos de los ciegos,
a enderezar a los que se doblan,
a guardar a los emigrantes,
a sustentar a los que desfallecen.

Ven, Señor. Pero Dios viene siempre.
Dios ya ha venido.
Vino Dios a salvarnos, e hizo algo más,
hizo de nosotros salvadores.
Somos un dios en pequeño.
Sed lo que sois, cristianos.
Cada miseria es un compromiso.
Hijos de Dios, salvad, por favor al mundo.

* * *

 

Diez razones para la alegría

La cristiana se alegra:

1. Porque se siente inmensamente amada

2. Porque ha dado sentido a su vida, que no es otro que el amor

3. Porque nunca se siente sola. Vive siempre el gozo de la comunión, tanto hacia dentro —íntima comunión divina— como hacia fuera —gozosa comunión con los hermanos—

4. Porque ya no teme nada. Sabe que está en buenas manos, y se siente enteramente y constantemente protegida.

5. Porque asegura el cumplimiento de su esperanza y deseos. Sabe de quién se fía.

6. Porque se siente salvada. Posee ya las arras del Espíritu, “que a vida eterna sabe”.

7. Porque convierte su trabajo en vocación.

8. Porque puede iluminar sus relaciones oscuras, como el sufrimiento, la limitación y el fracaso. Todo lo relativiza, con gran sentido del humor.

9. Porque está segura que nada, ni sus pecados, le apartarán de su Absoluto, de su Amor. Por eso, sabe reírse de sí misma.

10. Porque, gracias a Cristo, incluso la muerte se le convierte en Pascua. Es por eso la persona de mayor esperanza.

* * *

 

La alegría y la paz de Dios

Estad alegres. La paz de Dios custodiará vuestros corazones (Flp 4, 7)

La paz de Dios consolida nuestra confianza básica,
nos infunde tenacidad y coraje,
temple y arrojo para llegar lejos
sin perder altura de miras.

La alegría y la paz de Dios

La paz de Dios afianza y dinamiza nuestra voluntad
es paciente para sostener y resistir,
es impaciente para resignarse y consolarse,
regula y dirige nuestro esfuerzo.

La alegría y la paz de Dios

La paz de Dios atempera nuestro ímpetu vehemente
para que no atropelle y desbarate.
Encauza nuestra pasión cegada
para que no se desvíe y se pierda.

La alegría y la paz de Dios

La paz de Dios nos moviliza y nos da aplomo,
nos pone en marcha y nos modera,
sopla viento en nuestras velas
y echa el ancla cuando es preciso.

La alegría y la paz de Dios

Joaquín Suárez

* * *

 

Mirad que llegan días —oráculo del Señor—, en que cumpliré la promesa que hice
a la casa de Israel y a la casa de Judá (Jr 33, 14).

* * *

 

El Adviento es soñador

He tenido un sueño….

Soñé que un día las naciones de la tierra escuchaban el clamor desgarrado de los pobres de la tierra. De repente, se les abrieron los oídos y sus corazones se estremecieron ante tanto sufrimiento, sus ojos se abrieron para contemplar los millones de hermanos que morían cerca, muy cerca de ellos y al ver sus rostros demacrados y al cruzarse su mirada con aquellos ojos enormes, silenciosos, océanos de sufrimiento y humillaciones incontables, sintieron que eran carne de su carne y sangre de su sangre.

Y se reunieron, alrededor de una inmensa mesa redonda, representantes de todos los pueblos, tribus, razas y naciones. Y todos eran iguales. No hubo muchas palabras, ni discursos; al mirarse a los ojos, comprendieron que el mundo no podía seguir así y estrecharon sus manos y anudaron sus brazos en una inmensa cadena de solidaridad fraterna.

E hicieron un pacto de no agresión y de amistad, que sellaron con pan y con vino; y nunca el pan les supo tan sabrosos, ni el vino tan embriagador.

Y un día convenido, una gran luminaria se encendió sobre la tierra: en una pira inmensa quemaron los cañones, las pistolas, los fusiles, obuses, misiles y lanzaderas, y fundieron el hierro, con el que hicieron tractores…. Y de nuevo se sentaron alrededor de la mesa redonda para repartir equitativamente los bienes de la tierra, de forma que ya no existiera más hambre, ni paro, ni injusticia.

* * *

 

El sueño

Una vez, en un el lugar más hermoso del universo, vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se entretenía por allá arriba, por las nubes, jugando y jugando todo el día.

Un día, Sueño, se dio cuenta de que él no crecía como crecían sus amigos; además empezó a sentirse muy débil y, poco a poco, perdió sus ganas de jugar.

De pronto, llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial, el cual contenía alimentos para fortalecer y hacer crecer a Sueño.

Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel mensajero lo alimentaba con aquellos manjares. Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos jugos hechos con decisión…. y, lo más importante, tratándolo con mucha confianza.

Sueño creció y creció y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en Meta, y claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, conociendo cada vez más mundos, como la felicidad y la satisfacción. Y un buen día Meta dejó de ser Meta y se transformó en Realidad.

«Regálame la salud de un cuento». Sal Térrea.

* * *

 

¡Ven! ¡Ven! ¡Ven!

Yo no soy un Buda feliz
que arrancó la raíz de los deseos.

Yo soy el amigo que dice: Ven.

Yo soy la novia que grita: Ven.

Yo soy la madre que espera: Ven.

El mundo lucha y evoluciona.
Es la historia que está de parto,
que ha sido fecundada por el Espíritu,
que prepara la llegada del hijo nuevo.
El Adviento.

Los trabajos del científico y del obrero,
las luchas del guerrillero
y del no-violento,
los desvelos de los padres y los líderes,
los sufrimientos
de los enfermos marginados
cantan a coro: Ven.

Las ilusiones de los niños,
las esperanzas del joven,
el tedio de los ancianos,
el canto de los que triunfan
y el llanto de los caídos
no dejan de repetir: Ven.

Un Adviento creciente,
hijo de la esperanza y la paciencia,
padre de la ilusión y del esfuerzo.
Una fuente secreta
y un murmullo repetido,
orquestado por el Espíritu:
¡Ven! ¡Ven! ¡Ven!

* * *

 

Rebosar de amor

Que el Señor os come y os haga rebosar de amor (1 Tes 3, 12)

Que el Señor nos colme de su amor
hasta saciarnos y más.
Nos llene de amor mutuo y de amor universal.
Y nos haga rebosar.

Rebosar de amor

Que el Señor nos colme
de buenos sentimientos y palabras afectuosas,
capaces de llegar al corazón
y conmover las entrañas.
Y nos haga rebosar.

Rebosar de amor

Que el señor nos colme
de sensibilidad al dolor ajeno
y conciencia lúcida y avispada
para salir al encuentro del mal.
Y nos haga rebosar.

Rebosar de amor

Que el Señor nos colme
de actitudes cordiales y bondad tangible.
Un amor solidario, traducido
en gestos altruista, en acciones humanitarias.
Y nos haga rebosar.

Rebosar de amor

Joaquín Suárez

* * *

 

En Dios pongo mi esperanza y confío en su palabra

Cristo trae esperanza a todos los que la han perdido.
Luz a todos los que viven en la oscuridad.
Justicia a quienes viven bajo el yugo de la opresión.
Él viene como salvación para todos.
¿Te dice algo todo esto?
¿Sientes dentro de ti la necesidad de gritar, con todas tus fuerzas “Ven Señor”?
Si no lo sientes, tal vez sea porque el lugar que debe ocupar Dios en tu vida de cristiana,
esté ocupado ya y esperas luz, salvación, justicia…. de otros dioses a quienes das culto:
el dinero, la comodidad, el consumismo…
o porque no te preocupa demasiado que haya en el mundo
marginados, víctimas de la guerra, estructuras injustas de poder…
El Señor está cerca… Él viene… ya está ahí…
Pero sólo para quienes lo esperan ansiosamente.

* * *

 

Señor, enséñame tus caminos (Sal 24)

A ti, Señor, levanto mi alma.
No te pido que me escuches,
porque todo está abierto a tu presencia,
porque tienes tu oído pegado a mi corazón
y oyes el flujo de mi vida
y escuchas hasta mis silencios.
Sólo pido que yo sepa escucharte.

No te pido que me enseñes tus caminos,
porque ya los has enseñado maravillosamente.
Tus caminos están abiertos ante mí
y están perfectamente señalizados.
Sólo te pido que mis pasos
no se desvíen ni un milímetro de tus caminos.
Ayúdame a recorrer los caminos que me has enseñado,
el Camino que me has regalado.

No es camino de estrellas, ni de leyes ni de libros,
es un camino de carne.
Es un camino cimentado en el amor,
asfaltado por la misericordia,
señalizado por el servicio y la entrega.
Tu Camino es el Hijo del amor y la misericordia.
Tu Camino son los hijos necesitados
del amor y la misericordia.
Que yo sepa andar por tus caminos,
despacito y vigilante,
para no dejar pasar ninguna de sus señales,
para llenarme y derramarme
en amor y misericordia.

* * *

 

Oración

Señor, Jesús, al comenzar este tiempo de Adviento, ponemos en ti nuestra confianza. Fortalece nuestra esperanza para saber descubrirte ya presente entre nosotros. Despiértanos de nuestros sueños y levántanos de nuestras pasividades e indiferencias.

Haz, Señor, que este Adviento nos empuje hacia ti; nos ayude a vivir centradas en tu Hijo Jesucristo. Que sea un tiempo de salvación. Un tiempo de encuentro y de conversión.

A pesar de dificultades y contratiempos seguimos confiando. Tu presencia entre nosotros nos ilumina y fortalece en el camino de la fe.

Te esperamos y salimos a tu encuentro, pues Tú eres nuestra esperanza.

Revista «Dabar»

* * *

 

El simbolismo de Juan Bautista

Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos (Lc 3, 5)

La importancia que tiene el Bautista en Adviento le viene no sólo a título personal, sino por todo lo que representa. El Bautista es el último eslabón de la economía antigua. Representa a Moisés y a todos los profetas. Por eso su testimonio es tan importante. En su boca se condensa todo el testimonio del Antiguo Testamento a favor del Nuevo. Él es el último eslabón de los testigos de la luz. Pero le ha llegado su tiempo de ser dejado atrás por aquel que se pone delante.

El Bautista nos repetirá hasta la saciedad “Yo no soy”. Yo no soy el Cristo, no soy Elías, no soy el profeta, no soy la luz. Esta es la naturaleza del testigo. No importa quién sea. Es sólo una voz sin rostro, sin nombre. Lo único que importa es el contenido es el contenido de su mensaje. La voz es efímera, pasa y se pierde en el espacio. Sólo queda la palabra. Pero Juan no es la palabra, es sólo la voz.

Es la verdadera naturaleza de todo testigo de Cristo. “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús” (2 Co 4, 5). Todo testigo de Cristo descubre en la persona del Bautista la fuente del verdadero gozo.

Juan Manuel Martían-Moreno: «Personajes del cuarto evangelio».

* * *

 

Allanad los caminos

Allanad los caminos.
Allanad, sí, todos los caminos de la tierra
porque el Señor está cerca.
El vendrá y llenará de esperanza
a quienes la perdieron
Vendrá en la noche para ser luz.
Vendrá para acompañar a los cansados,
a los eternos desilusionados.
Ya pueden cantar victoria
quienes se creían abandonados.
Ya está el Salvador a la puerta.

Allanad los caminos.
Abrid caminos de esperanza,
quienes pasáis por este mundo
sin encontrar sentido a la vida.
Allanad los senderos, porque él vendrá.
Vendrá como rocío mañanero.
Rasgará los corazones de piedra
y ablandará la dureza
de nuestra tierra seca.
Vendrá el Señor, no tardará.
Esperadlo en el umbral de vuestra casa,
porque sin hacer ruido vendrá
y lo inundará todo con su amor.

* * *

 

Súplica a favor del testigo (Sal 71)

Inunda, oh Dios, con el torrente de tu audacia
a la persona llamada a ser tu testigo:
que su compromiso a favor de los pobres
y su estar al lado del necesitado y desvalido
ayuden a desvelar tu imagen
de un Dios que aborrece toda iniquidad;

que la experiencia de tu amor en su vida
sea como lluvia y rocío
que hagan fértil la tierra baldía de nuestras desesperanzas;
que la paz de su corazón y de sus palabras
hagan posible el abrazo de todas las ideas y creencias;
y que nos ayude a comprender que el único enemigo del ser humano
es el que niega o hace imposible al hermano
su vocación de amor universal.

Caigan rendidos ante la fuerza de su testimonio
quienes defendían la necesidad de la guerra
e incrementaban el poder de las armas aniquiladoras;
que los poderosos de este mundo alcancen a ver en él
que todo poder es corrupción
cuando no es servicio desinteresado.
Pues la vida de un desheredado es más valiosa a tus ojos,
Señor, que todas las culturas y civilizaciones
que se sostienen a costa de la miseria de muchos.

¡Jamás nos falte un testigo de tu amor!
Sólo él /ella nos hará abundar en la perfecta alegría,
porque cambiará nuestros cultivos de egoísmo
en campos ubérrimos de comunión y amistad;
sólo él conseguirá que sea bendición
la maldición de mutua desconfianza
que hoy pesa sobre el ser humano;
sólo él, porque aceptó, con el sacrificio de su vida,
ser sendero de Dios entre los hombres y mujeres:
aurora de un mundo nuevo bajo el signo de la fraternidad.

¡Bendito el Dios de rostro humano,
único que lleva al ser humano al gozo de ser su testigo!
¡Bendito el Dios que nos envía signos clarividentes
de su amor hecho carne, presencia, riesgo!
¡Bendito el Dios que consagra los pasos de sus elegidos
con el cuenco abundante de la esperanza
que derriba todo muro de lo imposible!

La tierra estrenará nuevo taje de fiesta
allí donde los oídos se abran
a la palabra hecha carne del testigo de Dios.

Antonio López Baeza

* * *

 

Para anunciar el Adviento

Este es el tiempo de la espera, del anhelo y la ilusión.
Es un tiempo de ojos abiertos,
de miradas largas como el horizonte
y de pasos ligeros por oteros y valles.

Es el tiempo de las salas de espera,
de los sueños buenos que soñamos
y de los embarazos de vida.

Es tiempo de anuncios, pregones y sobresaltos;
de vigías, centinelas y carteros,
de trovadores y profetas.

Es tiempo de luces y coronas,
de puertas y ventanas entreabiertas,
de susurros, sendas y parteras.

Es tiempo de pobres y emigrantes,
de cadenas y cárceles rotas
y de hojas con buenas noticias.

Es el tiempo de Isaías, Juan Bautista y María;
y de José, quitando fantasmas,
embarcado en la aventura
y pasando las noches en claro.

* * *

 

A tientas

Esperar,
cuando una se adentra en la madurez de la vida,
o lleva años afirmando y regando el jardín de sus flores y seguridades,
no consiste en soñar, ni en volar,
ni adentrarse en un mundo de ilusiones,
ni en quitar las hierbas malas,
ni en dar respuesta a todos los interrogantes,
ni en tener una estructura lógica y razonable en la que apoyarse…

Esperar, hoy, Señor
es andar a tientas, tanto de día como de noche,
entre sombras y luces, bullicios y silencios
—que velan, desvelan, confunden y alertan—
e intentar, con los sentidos cansados,
olerte, oírte, verte, tocarte y besarte en tus mediaciones.
Y alegrarse de estar aquí así, a tientas.

F. Ulibarri: Al viento del Espíritu.

* * *

 

Sensibilidad para apreciar los valores

Qué vuestra comunidad de amor siga creciendo en sensibilidad
para apreciar los valores (Flp. 1,9-10)

Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad

Sensibilidad para apreciar los valores.

Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
en aquel conocimiento que nos hace comprensivas,
en aquel buen sentido que nos hace prudentes,
en aquella conciencia que nos hace honradas.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad

Sensibilidad para apreciar los valores.

Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
en la profundidad del océano divino,
en la superficie de la ternura,
en la densidad de la contemplación.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad

Sensibilidad para apreciar los valores.

Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
por dentro y hacia fuera, madure y fructifique,
se explicite en actitudes definidas,
se materialice en acciones concretas.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad

Sensibilidad para apreciar los valores.

Joaquín Suárez.

Puedes descargarte estos tres grupos de oraciones en los siguientes enlaces:
primera parte, segunda parte, tercera parte.

Coronas de Adviento para colorear

Coronas de Adviento para colorear

Con motivo del comienzo del tiempo de Adviento os ofrecemos las siguientes láminas para que los niños de la familia se diviertan coloreando la Corona de Adviento.

Podéis acceder a las láminas en tamaño real pulsando sobre los títulos de cada imagen y sobre las propias imágenes.

*  *  *

Coronas de Adviento para colorear

Corona de Adviento – Lámina 1 Corona de Adviento – Lámina 2
Corona de Adviento - Lámina 1 Corona de Adviento - Lámina 2
Corona de Adviento – Lámina 3 Corona de Adviento – Lámina 4
Corona de Adviento - Lámina 3 Corona de Adviento - Lámina 4

*  *  *

 

Catequesis de Juan Pablo II sobre el Adviento

Catequesis de Juan Pablo II sobre el Adviento

El papa Juan Pablo II, de cuya cercana beatificación nos felicitamos, era un magnífico catequista. En sus Audiencias de los miércoles en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano ofrecía lecciones magistrales, semana tras semana. De esos discursos, casi mejor «meditaciones», hemos escogido un grupo de cuatro que, entre el 28 de novienbre y el 20 de diciembre de 1978, su primer año de pontificado, dedicó al Adviento y su preparación:

*  *  *

 

 

Evangelio del día: El «Sí» de María

Evangelio del día: El «Sí» de María

Lucas 1, 26-38. Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (20 de diciembre). María era silenciosa, pero dentro de su corazón cuántas cosas decía al Señor en ese momento crucial de la historia.

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Angel se alejó.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Isaías, Is 7, 10-14

Salmo: Sal 24(23), 1-6

Oración introductoria

Señor, así como María supo acoger el anuncio del ángel, permite que yo sepa escuchar y aceptar lo que hoy quieres decirme en mi oración, porque mi anhelo es que la verdad de tu Evangelio impregne mi modo de ver, pensar y de actuar.

Petición

Jesús, permite que siempre diga un «sí», alegre y confiado, a lo que Tú quieras pedirme.

Meditación del Santo Padre Francisco

El misterio de la relación entre Dios y el hombre no busca la publicidad, porque no lo haría verdadero. Requiere más bien el estilo del silencio. Corresponde luego a cada uno de nosotros descubrir, precisamente en el silencio, las características del misterio de Dios en la vida personal. A pocos días de la Navidad, el Papa Francisco propuso una fuerte reflexión sobre el valor del silencio. E invitó a amarlo y buscarlo así como lo hizo María, cuyo testimonio evocó en la misa celebrada [hoy].

Una reflexión basada en el pasaje del Evangelio de san Lucas propuesto por la liturgia del día (1, 26-38), que inicia con «esa frase» que «nos dice mucho» dirigida por el ángel a la Virgen: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra», y que remite también al pasaje del libro de Isaías (7, 10-14), proclamado en la primera lectura de la celebración.

«Es la sombra de Dios —explicó el Pontífice— que en la historia de la salvación custodia siempre el misterio». Es «la sombra de Dios que acompañó al pueblo en el desierto». Toda la historia de la salvación muestra que «el Señor cuidó siempre el misterio. Y cubrió el misterio. No hizo publicidad del misterio». En efecto, «el misterio que hace publicidad de sí mismo no es cristiano, no es misterio de Dios. Es un fingimiento de misterio». Precisamente el pasaje evangélico de hoy lo confirma, prosiguió el Papa. Cuando la Virgen recibe del ángel el anuncio del Hijo, «el misterio de su maternidad personal» permanece oculto.

Y ésta es una verdad que se refiere también a todos nosotros. «Esta sombra de Dios en nosotros, en nuestra vida», afirmó el Pontífice, nos ayuda a «descubrir nuestro misterio: nuestro misterio del encuentro con el Señor, nuestro misterio del camino de la vida con el Señor». En efecto, «cada uno de nosotros —explicó el Papa— sabe cómo obra misteriosamente el Señor en su corazón, en su alma. Y cuál es la nube, el poder, cómo es el estilo del Espíritu Santo para cubrir nuestro misterio. Esta nube en nosotros, en nuestra vida, se llama silencio. El silencio es precisamente la nube que cubre el misterio de nuestra relación con el Señor, de nuestra santidad y nuestros pecados».

Es un «misterio» que, continuó, «no podemos explicar. Pero cuando no hay silencio en nuestra vida el misterio se pierde, se va». He aquí, entonces, la importancia de «custodiar el misterio con el silencio: es la nube, el poder de Dios para nosotros, la fuerza del Espíritu Santo».

El Papa Francisco propuso una vez más el testimonio de la Virgen que vivió hasta el final «este silencio» en toda su vida. «Pienso —dijo el Pontífice— cuántas veces calló, cuántas veces no dijo lo que sentía para custodiar el misterio de la relación con su Hijo». Y recordó que «Pablo VI en 1964, en Nazaret, nos decía que tenemos la necesidad de renovar y reforzar, de robustecer el silencio», precisamente porque «el silencio custodia el misterio». El Papa dejó lugar luego «al silencio de la Virgen al pie de la cruz», a lo que pasaba por su mente —recordó— como hizo también Juan Pablo II.

En realidad, precisó, el Evangelio, no refiere palabra alguna de la Virgen: María «era silenciosa, pero dentro de su corazón cuántas cosas decía al Señor» en ese momento crucial de la historia. Probablemente María habrá reflexionado en las palabras del ángel que «hemos leído» en el Evangelio respecto a su Hijo: «Aquel día me dijiste que sería grande. Tú me dijiste que le darías el trono de David su padre y que reinaría para siempre. Pero ahora lo veo allí», en la cruz. María «con el silencio cubrió el misterio que no comprendía. Y con el silencio dejó que el misterio pudiera crecer y florecer» llevando a todos una gran «esperanza».

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra»: las palabras del ángel a María, dijo una vez más el Pontífice, nos aseguran que «el Señor cubre su misterio». Porque «el misterio de nuestra relación con Dios, de nuestro camino, de nuestra salvación no se puede poner al aire, hacer con él publicidad. El silencio lo custodia». El Papa Francisco concluyó su homilía con la oración de que «el Señor nos dé a todos la gracia de amar el silencio, buscarlo, tener un corazón protegido por la nube del silencio. Y así el misterio que crece en nosotros dará muchos frutos».

Santo Padre Francisco: El misterio no busca publicidad

Homilía del viernes, 20 de diciembre de 2013

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

I. La maternidad de María respecto de la Iglesia

Totalmente unida a su Hijo…

964 El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte» (LG 57). Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión:

«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)» (LG 58).

965 Después de la Ascensión de su Hijo, María «estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones» (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, «María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra» (LG 59).

… también en su Asunción …

966 «Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte» (LG 59; cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:

«En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas (Tropario en el día de la Dormición de la Bienaventurada Virgen María).

… ella es nuestra Madre en el orden de la gracia

967 Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es «miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia» (LG 53), incluso constituye «la figura» [typus] de la Iglesia (LG 63).

968 Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. «Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (LG 61).

969 «Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna […] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (LG62).

970 «La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres […] brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia» (LG 60). «Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversas maneras tanto los ministros como el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente» (LG 62).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Rechazar preocupaciones sobre las que no puedo hacer nada, para actuar confiadamente sobre lo que sí puedo cambiar.

Diálogo con Cristo

Dios mío, gracias por quedarte en la Eucaristía y por darme a María como madre y modelo de mi vida. Contemplar su gozo, su actitud de acogida y aceptación, su humildad, me motivan a exclamar con gozo: heme aquí Señor, débil e infiel, pero lleno de alegría por saber que con tu gracia, las cosas pueden y van a cambiar.

*  *  *

Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

*  *  *



Evangelio del día: Zacarías en el templo

Evangelio del día: Zacarías en el templo

Lucas 1, 5-25. Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (19 de diciembre). De algo debemos estar bien seguros: no podemos salvarnos a nosotros mismos, sólo la intervención de Dios nos trae la Salvación.

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto». Pero Zacarías dijo al Angel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada». El Angel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo». Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque había quedado mudo. Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Jueces, Jue 13, 2-7.24-25a

Salmo: Sal 71(70), 3-4a.5-6ab.16-17

Oración introductoria

Ven, Señor Jesús, porque mi fe vacila ante la angustia y los problemas que parecen no tener solución. Aumenta mi fe para saber acoger todos los acontecimientos de este día. Quiero encontrarme contigo en esta oración para que mi respuesta no sea como la de Zacarías, ¡que sepa creerte y amarte en las pequeñas y grandes cosas de mi vida!

Petición

Señor y Dios mío, alcánzame la gracia de ser cada día más fiel a mi fe en Jesucristo.

Meditación del Santo Padre Francisco

El hombre no se salva por sí mismo, y quien ha tenido la soberbia de intentarlo, incluso entre los cristianos, ha fracasado. Porque sólo Dios puede dar vida y salvación. Esta es la meditación, en la perspectiva del Adviento, que el Papa Francisco propuso durante la misa celebrada [hoy].

Como de costumbre, inspirándose en la liturgia del día, el Pontífice quiso recordar que la «vida, la capacidad de dar vida y salvación, vienen solamente del Señor» y no del hombre, que no tiene «la humildad» de reconocerle y pedirle ayuda. «Muchas veces» en la Escritura se habla «de la mujer estéril, de la esterilidad, de la incapacidad de concebir y dar vida». Pero también muchas veces sucede «el milagro del Señor, que hace que estas mujeres estériles puedan tener un hijo».

El Papa Francisco hizo referencia, ante todo, a la mamá de Sansón, cuya historia propuso esta mañana el pasaje del libro de los Jueces (13, 2-7. 24-25a). Y después recordó también lo que le «sucedió a la mujer de nuestro padre Abraham: no podía creer» que tendría un hijo a causa de su edad avanzada, «y se reía detrás de la ventana, desde la que espiaba a su marido para oír de qué estaba hablando. Y se reía porque no podía creerlo. Pero tuvo un hijo». El Evangelio de hoy (Lucas 5-25), prosiguió el Papa, recuerda también lo que le «sucedió a Isabel». Todas estas historias bíblicas de mujeres, explicó el Pontífice, muestran cómo «de la imposibilidad de dar vida, viene la vida». Y también les sucedió a otras mujeres no estériles, pero que ya no tenían ninguna esperanza para su vida. «Pensemos en Noemí —especificó el Obispo de Roma—, que, al final, tuvo un nieto». En síntesis, «el Señor interviene en la vida de estas mujeres para decirnos: yo soy capaz de dar vida».

El Papa Francisco destacó que en las palabras de los «profetas está la imagen del desierto: la tierra desierta, incapaz de hacer crecer un árbol, un fruto, de hacer brotar algo». Y, sin embargo, «el desierto será como una selva. Los profetas dicen: será grande, florecerá». Así pues, «el desierto puede florecer» y «la mujer estéril puede dar vida» solamente en la perspectiva de la «promesa del Señor: yo puedo. De vuestra sequedad puedo hacer surgir la vida, la salvación. De la aridez pueden crecer frutos». La salvación «es la intervención de Dios que nos hace fecundos, que nos da la capacidad de dar vida», que «nos ayuda en el camino de la santidad».

De algo estamos seguros: «no podemos salvarnos a nosotros mismos». Muchos lo han intentado, «incluso algunos cristianos», recordó el Santo Padre citando a los pelagianos. Pero sólo la intervención de Dios nos trae la salvación.

De ahí la pregunta del Pontífice: «pero, por nuestra parte, ¿qué debemos hacer?». Ante todo, respondió el Papa, «reconocer nuestra sequedad, nuestra incapacidad de dar vida». Después, «pedir». Y la petición que se convierte en oración la formuló así: «Señor, quiero ser fecundo; quiero que mi vida dé vida, que mi fe sea fecunda, vaya adelante y pueda darla a los demás. Señor, soy estéril; yo no puedo, tú puedes. Soy un desierto, yo no puedo; tú puedes». Y que «ésta sea —fue su deseo— la oración de estos días antes de la Navidad».

Nos hace pensar, prosiguió el Papa, en «cómo los soberbios, los que creen que pueden hacer todo por sí mismos, son golpeados». Y se refirió, en particular, «a esa mujer que no era estéril, pero era soberbia y no entendía qué significaba alabar a Dios: Mikal, la hija de Saúl. Se reía de la alabanza. Y fue castigada con la esterilidad». La humildad es una virtud necesaria para ser fecundos. «Cuántas personas —observó el Papa— creen ser justas como ella, y al final son pobres».

En cambio, es importante la «humildad, decir «Señor, soy estéril, soy un desierto»». Cuán importante es repetir en estos días «aquellas hermosas antífonas que la Iglesia nos propone rezar: «oh Hijo de David, oh Adonai, oh Sabiduría —hoy—, oh Raíz de Jesé, oh Emanuel, ven a darnos vida, ven a salvarnos, porque tú sólo puedes, yo por mí mismo no puedo»».

Así, concluyó el Pontífice, «con esta humildad, humildad del desierto, humildad del alma estéril», debemos «recibir la gracia: la gracia de florecer, de dar fruto y dar vida».

Santo Padre Francisco: Si el hombre intenta salvarse por sí mismo

Homilía del jueves, 19 de diciembre de 2013

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

II. La libertad humana en la Economía de la salvación

1739 Libertad y pecado. La libertad del hombre es finita y falible. De hecho el hombre erró. Libremente pecó. Al rechazar el proyecto del amor de Dios, se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del pecado. Esta primera alienación engendró una multitud de alienaciones. La historia de la humanidad, desde sus orígenes, atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre a consecuencia de un mal uso de la libertad.

1740 Amenazas para la libertad. El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. Es falso concebir al hombre “sujeto de esa libertad como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 13). Por otra parte, las condiciones de orden económico y social, político y cultural requeridas para un justo ejercicio de la libertad son, con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina

1741 Liberación y salvación. Por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres. Los rescató del pecado que los tenía sometidos a esclavitud. “Para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5,1). En Él participamos de “la verdad que nos hace libres” (Jn 8,32). El Espíritu Santo nos ha sido dado, y, como enseña el apóstol, “donde está el Espíritu, allí está la libertad” (2 Co 3,17). Ya desde ahora nos gloriamos de la “libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,21).

1742 Libertad y gracia. La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Al contrario, como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración, a  medida que somos más dóciles a los impulsos de la gracia, se acrecientan nuestra íntima verdad y nuestra seguridad en las pruebas, como también ante las presiones y coacciones del mundo exterior. Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.

«Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad» (Domingo XXXII del Tiempo ordinario, Colecta: Misal Romano).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Concretar hoy un medio «especial» para prepararme espiritualmente para la Navidad.

Diálogo con Cristo

Jesús, aumenta mi fe. Gracias por esta oración que me ayuda a contemplar las diversas actitudes que puedo tomar ante tu llamado. Cerca de ti, Señor, podré tener la fuerza y el ánimo para crecer en el amor. Ven, Señor. Ven, no tardes. Ven que te espero. ¡Ven pronto!

*  *  *

Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

*  *  *





Evangelio del día: Testimonio de Jesús sobre el Bautista

Evangelio del día: Testimonio de Jesús sobre el Bautista

Lucas 7, 24-30. Jueves de la Tercera Semana del Tiempo de Adviento. En este tiempo de Adviento el Bautista nos enseña a vivir de manera especial: a ver con los ojos de la fe la salvación de Dios en una humilde gruta de Belén.

Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes. ¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. El es aquel de quien está escrito: ‘Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino’. Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él». Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de dios para con ellos.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Isaías, Is 54, 1-10

Salmo: Sal 30(29), 2.4-6.11-12a.13b

Oración introductoria

Señor, gracias por paciente y gradualmente revelarme tu identidad, por mostrarme el camino que me puede llevar a tu Reino si acepto y cumplo con tu voluntad. Hoy vengo con mis dudas y mis problemas esperando encontrar en esta oración la respuesta a mis aspiraciones porque quiero creer en todo lo que me has revelado para crecer en el amor.

Petición

Jesús, concédeme vivir de tal forma que pueda ser un auténtico mensajero de tu amor.

Meditación del Santo Padre Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

En el tiempo de Adviento la liturgia pone de relieve, de modo particular, dos figuras que preparan la venida del Mesías: la Virgen María y Juan Bautista. Hoy san Lucas nos presenta a este último, y lo hace con características distintas de los otros evangelistas. «Los cuatro Evangelios sitúan la figura de Juan el Bautista al comienzo de la actividad de Jesús, presentándolo como su precursor. San Lucas ha trasladado hacia atrás la conexión entre ambas figuras y sus respectivas misiones… Ya en la concepción y el nacimiento, Jesús y Juan son puestos en relación entre sí» (La infancia de Jesús, 21). Este planteamiento ayuda a comprender que Juan, en cuanto hijo de Zacarías e Isabel, ambos de familias sacerdotales, no sólo es el último de los profetas, sino que representa también el sacerdocio entero de la Antigua Alianza y por ello prepara a los hombres al culto espiritual de la Nueva Alianza, inaugurado por Jesús (cf. ibid. 25-26). Lucas además deshace toda lectura mítica que a menudo se hace de los Evangelios y coloca históricamente la vida del Bautista, escribiendo: «En el año decimoquinto el imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador… bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás» (Lc3, 1-2). Dentro de este marco histórico se coloca el auténtico gran acontecimiento, el nacimiento de Cristo, que los contemporáneos ni siquiera notarán. ¡Para Dios los grandes de la historia hacen de marco a los pequeños!

Juan Bautista se define como la «voz que grita en el desierto: preparad el camino al Señor, allanad sus senderos» (Lc 3, 4). La voz proclama la palabra, pero en este caso la Palabra de Dios precede, en cuanto es ella misma la que desciende sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto (cf. Lc 3, 2). Por lo tanto él tiene un gran papel, pero siempre en función de Cristo. Comenta san Agustín: «Juan es la voz. Del Señor en cambio se dice: “En el principio existía el Verbo” (Jn 1, 1). Juan es la voz que pasa, Cristo es el Verbo eterno que era en el principio. Si a la voz le quitas la palabra, ¿qué queda? Un vago sonido. La voz sin palabra golpea el oído, pero no edifica el corazón» (Discurso 293, 3: pl 38, 1328). Es nuestra tarea escuchar hoy esa voz para conceder espacio y acogida en el corazón a Jesús, Palabra que nos salva. En este tiempo de Adviento preparémonos para ver, con los ojos de la fe, en la humilde Gruta de Belén, la salvación de Dios (cf. Lc 3, 6). En la sociedad de consumo, donde existe la tentación de buscar la alegría en las cosas, el Bautista nos enseña a vivir de manera esencial, a fin de que la Navidad se viva no sólo como una fiesta exterior, sino como la fiesta del Hijo de Dios, que ha venido a traer a los hombres la paz, la vida y la alegría verdadera.

A la materna intercesión de María, Virgen de Adviento, confiamos nuestro camino al encuentro del Señor que viene, para estar preparados a acoger, en el corazón y en toda la vida, al Emanuel, Dios-con-nosotros.

Santo Padre Benedicto XVI

Ángelus del II Domingo de Adviento, 9 de diciembre de 2012

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

II. El deseo de felicidad

1718 Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer:

«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San Agustín, Confessiones, 10, 20, 29).

 «Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).

1719 Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe.

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Hacer una oración de agradecimiento por mi bautismo, que me da la gracia para buscar el plan de Dios.

Diálogo con Cristo

Dios mío, Tú eres el primero en querer darme lo que necesito para recibir tu amor y tu gracia. Quiero que cuando vengas a mi corazón en la próxima Navidad, lo encuentres preparado, transformado; para ello me esforzaré por adquirir las virtudes humanas que más necesito para ser un auténtico discípulo y misionero de tu amor.

*  *  *

Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

*  *  *



Evangelio del día: Después de la Transfiguración

Evangelio del día: Después de la Transfiguración

Mateo 17, 10-13. Sábado de la II semana del Tiempo de Adviento. María, fue la primera que creyó y experimentó, de modo insuperable, que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente su Palabra «llegó felizmente al santo monte» y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor.

Entonces los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?». El respondió: «Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre». Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Eclesiástico, Eclo 48, 1-4.9-11

Salmo: Sal 80(79), 2-3.15-19

Oración introductoria

Señor, te pido que esta oración me prepare interiormente para tu venida la próxima Navidad. Concédeme dejar de lado todos los pendientes, las distracciones que me hacen sordo a tu voz. Abre mi corazón y dame un espíritu dócil y generoso para hacer vida el Evangelio de este día en mis pensamientos, palabras y acciones.

Petición

Padre bueno, dame la sabiduría para saber reconocerte en mis hermanos más necesitamos.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, que en el siglo IX antes de Cristo defendió valerosamente contra la contaminación de los cultos idólatras la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. […] María, fue la primera que creyó y experimentó, de modo insuperable, que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente su Palabra «llegó felizmente al santo monte» y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo encomendar hoy a todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo y, de modo especial, a las de la Orden del Carmen, entre las cuales recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejos de aquí, que he visitado en estos días. Que María ayude a todos los cristianos a encontrar a Dios en el silencio de la oración.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Ángelus en Les Combes el domingo, 16 de julio de 2006

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

IV. La santidad cristiana

2012. “Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman […] a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” (Rm 8, 28-30).

2013 “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48):

«Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo […] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40).

2014 El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama “mística”, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos —“los santos misterios”— y, en Él, del misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él, aunque las gracias especiales o los signos extraordinarios de esta vida mística sean concedidos solamente a algunos para manifestar así el don gratuito hecho a todos.

2015 “El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas:

«El que asciende no termina nunca de subir; y va paso a paso; no se alcanza nunca el final de lo que es siempre susceptible de perfección. El deseo de quien asciende no se detiene nunca en lo que ya le es conocido» (San Gregorio de Nisa, In Canticum homilia 8).

2016 Los hijos de la Santa Madre Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia en comunión con Jesús (cf Concilio de Trento: DS 1576). Siguiendo la misma norma de vida, los creyentes comparten la “bienaventurada esperanza” de aquellos a los que la misericordia divina congrega en la “Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, […] que baja del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo” (Ap 21, 2).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Rezar, preferentemente en familia, un rosario para encomendar a María a todas las comunidades de vida contemplativa.

Diálogo con Cristo

Como bautizado soy como un nuevo Elías o Juan el Bautista, un instrumento para preparar y abrir los corazones de los demás para la venida de su Hijo. María, en este sábado, dedicado a tu memoria, enséñame a reconocer a tu Hijo Jesucristo por medio de la oración. Intercede ante tu Hijo para que aumente mi fe y tenga la confianza que tú siempre tuviste y, sobre todo, la humildad que caracterizó tu vida, para cumplir así con todo lo que me pidas.

*  *  *

Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

*  *  *